“Ese Hombre es Mío”

El diccionario de la Real Academia Española define mediocre como “de calidad media, de poco mérito, tirando a malo”. O sea que la mediocridad es la expresión inmediata de lo que se hace sin calidad, de lo simple, lo malo, lo ridículo, lo estúpido, que no tiene valor alguno.

La mediocridad, para desgracia de muchos, impera en todas las esferas de la vida. Mediocres hay hasta en la sopa. Sin importar dónde miremos, lo seguro es que vamos a encontrar a más de un mediocre, y en honor a la verdad, son muchos los que vamos a ver; siempre el entorno rebosa de mediocres que existen en todos los tamaños, sabores y colores.

El mediocre está enemistado totalmente con lo bueno, con lo excelso, con lo bello, con la calidad en todas sus formas. No le interesa ni cultiva lo noble, lo hermoso, lo humano en su mejor expresión. Al mediocre sólo le atrae lo facilón, lo simple, lo burdo, piensa solamente tonteras, imbecilidades, torpezas; los sentimientos del mediocre son superficiales, de poca monta, mezquinos.

El mediocre nunca enfila el rumbo de su vida hacia la prosperidad y el bienestar; todo en él o ella es desinterés, indiferencia, desgano, pereza. Para los mediocres, la mediocridad es la medida de todas las cosas.

En esta sociedad de consumo el cultivo de la mediocridad es un propósito fundamental. Así el ciudadano no cuestiona absolutamente nada y se conforma con las migajas que le ofrecen en todos los ámbitos de la vida. Los medios de comunicación masiva, en su agenda mediática, recalcan, reafirman e imponen la mediocridad como un sistema normal de vida.

Así miramos que la Coca Cola es “la chispa de la vida”. Que hay que andar a la moda, comer pizzas, hamburguesas y usar el perfume que avasalla a los hombres o a las mujeres, según sea el caso. El consumismo barato despersonaliza y la identidad personal y colectiva se pierde. De esa forma los pueblos son más manejables por quienes los dirigen con propósitos e intereses económicos y políticos que atentan contra la vida misma. Su finalidad es sojuzgar y someter a toda costa a las sociedades.

En Honduras no somos la excepción y aquí le rendimos culto a la mediocridad e importamos patrones de conducta degradantes. Ya no queremos pensar ni analizar nada. Miremos la televisión nacional por un momento y se harán evidentes los patrones importados llenos de mediocridad hasta la médula.

Los programas televisivos son un embutido de mediocridad y torpeza infinitas. Los consabidos “talk shows” son un ejemplo de los valores degradados que han invadido a las personas, donde éstas, sin ningún pudor, van a exponer sus situaciones más íntimas con una vulgaridad extrema. Como aquí por lo general sólo imitamos lo malo y no lo bueno, ya vemos programas de mujeres que se sientan a hablar, y lo único que sale de sus bocas son imbecilidades hasta más no poder. Interesante fuera que dieran evidencias de que son inteligentes y abordaran temas de trascendencia nacional, pero pedir eso es algo más que imposible.

Repitiendo la estupidez y la mediocridad propia de los gringos, ha aparecido un “reality show” por Canal 11 que se llama “Ese hombre es mío”, en donde unas mujeres se pelean, se jalan de las greñas, lloran y se lamentan porque quieren quedarse con el “hermoso” galán; todo bajo un ambiente y situaciones de una chocante estupidez, al mejor estilo de los programas degenerados de Hollywood. ¡Habráse visto semejante mediocridad!

¿Hasta cuándo los hondureños dejaremos atrás la pequeñez, la insignificancia, la vulgaridad, la mediocridad y nos dedicaremos a cultivar los verdaderos valores del alma que son la brújula de una vida de calidad?

Es tiempo de que combatamos hasta las últimas consecuencias los valores degradados y nos dediquemos a vivir tal como lo dictan los preceptos divinos, una vida de la mayor calidad posible. Cultivemos la nobleza, lo bello, el amor en todas sus formas porque es lo único valioso en toda la existencia. Aprendamos a pensar y sentir con calidad para que así nuestras vidas sean un culto a lo noble y trascendente tal como debe ser. ¡Ah, y si es inteligente, mejor apague el televisor y encienda un libro!

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