El Arte Dignifica la Vida

Discurso pronunciado por el Doctor Nery Alexis Gaitán, al recibir el Premio Nacional de Literatura, “Ramón Rosa” 2009, en el Instituto Hondureño de Cultura Hispánica, el miércoles 9 de diciembre de 2009.

Buenas noches señor Santos Elio Sosa, Ministro de Educación, compañeras viceministras de esa secretaría; señora Mirna Castro, Ministra de Cultura, Artes y Deportes; compañeros homenajeados; familiares, amigos, distinguida concurrencia.

Ante todo deseo dar gracias a Dios por permitirme estar aquí recibiendo este reconocimiento. A diario La Tribuna, a su director Adán Elvir Flores, quien ha apoyado siempre mi carrera literaria. A Segisfredo Infante, Director de la Editorial Universitaria, que me ha publicado siete libros. A mi hermana Marina Ester, quien ha sido mi editora por los últimos doce años y me ha publicado alrededor de diez libros. También agradezco al pueblo hondureño que siempre ha acogido mi obra con gran beneplácito; a maestros de secundaria y universidades que, junto a sus alumnos, han analizado mi obra, lo que ha permitido que los jóvenes conozcan mi trabajo literario.

Recibo este homenaje a nombre de las nuevas generaciones, que han abordado novedosos temas en la literatura hondureña con elementos compuestos de la mejor ficción universal, así como temas filosóficos o místicos que por primera vez han hecho acto de presencia en nuestra literatura.

El arte dignifica la vida. Resalta las cualidades más nobles y sublimes del ser humano, porque hace evidente la belleza exterior en sus variadas formas. Establece contacto con lo bello, exalta y ennoblece al ser. Pero ese contacto exterior con la belleza sólo es el reflejo, la reverberación de lo hermoso que mora en el alma humana al abrigo de los tesoros eternos que son el compendio de los valores éticos, morales y espirituales.

Los bienes del alma son el faro que guía los actos humanos hacia lo perfecto, la bondad, la generosidad; bajo el estandarte del amor en todas sus formas, siendo éste la filosofía de vida más completa porque edifica la felicidad, que es el objetivo del breve y hermoso transitar humano.

El arte dignifica la vida porque ayuda a construir un mundo mejor. Por lo tanto, el artista debe ser un humanista, un filósofo, un hombre de bien para que pueda orientar a quien contempla su arte en el sendero correcto hacia una existencia con una alta calidad de vida. Eso es lo valioso del artista, que es una persona de bien y aporta, ayuda, anima, a construir un mundo mejor cada vez que elabora su material artístico.

Por lo tanto, el artista debe ser un súmmum de ética, de correcto pensar, sentir y actuar. Deberá visualizar y concebir el lado amable y luminoso de la vida y, en un equilibrio perfecto, sus palabras deberán ser ratificadas por sus acciones.

La calidad del arte, la belleza en su máxima expresión, está relacionada con los valores eternos de la existencia. Pero transmitir esa belleza a través de los parámetros artísticos requiere talento. En el caso de la literatura, en donde la herramienta de trabajo es el lenguaje, requiere hacer énfasis en aspectos formales que cincelen belleza a través del uso apropiado de las palabras. Así se deberá elaborar un contexto donde lo bello sea la característica esencial; y debe estar inmerso en el ropaje de un mensaje preciso, ameno, impactante, profundo y que destile alguna verdad del existir.

En literatura se deberá buscar la palabra, el adjetivo, la expresión precisa que construye mensajes nobles y bellos. El escritor verdadero deberá huir de la expresión fácil, común y trillada; deberá trabajar la palabra que edifica y concibe lo hermoso, lo auténtico, lo noble; entonces le dará una nueva dimensión al lenguaje y huirá de lo intrascendente, tanto a nivel de expresión como en el mensaje transmitido. Trabajar los aspectos formales y de contenido, hasta las últimas consecuencias, deberá ser la preocupación eterna del escritor; las nuevas generaciones deben tener presente estos aspectos para que en verdad construyan belleza. El esfuerzo, una dedicación total, una férrea disciplina en el oficio, son las claves del éxito, literario y humano.

El arte hondureño en general siempre ha sido de una gran calidad; los artistas hondureños han sido un venero inagotable de talento, así lo proclama todo aquel que se acerca al arte nuestro. En el extranjero el arte hondureño es muy respetado, lo que siempre me ha hecho sentir orgulloso de mi patria.

El arte, y todas las formas de la cultura, ocupan un lugar preponderante en la vida de los pueblos; tan importante es el alimento espiritual del alma que es el arte, como el alimento físico, ambos perpetúan la vida. Por lo anterior, se hace urgente e inaplazable una política cultural por parte del Estado que delimite las características del arte hondureño en general; que defina la identidad cultural de Honduras y el importante lugar que la cultura y los artistas ocupan en la vida nacional. Preciso es, por lo tanto, que se promulgue una Ley General de la Cultura, para que en verdad resurja esplendorosa nuestra identidad colectiva. Asimismo que se le dé a los artistas el lugar que les corresponde en la sociedad mediante una valoración correcta de sus trabajos; que tengan acceso, por su sola condición de artistas, a beneficios sociales de todo tipo. ¡Y para que nunca, nunca, nunca más, en la historia de nuestro país, un artista vuelva a morir de hambre, como tantas veces ha ocurrido!

Recordemos, una vez más, que el arte dignifica la vida.

Gracias por haberme escuchado.

Fuente: Diario La Tribuna, 20 de diciembre 2009

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