Reloj de Arena

Escribí Reloj de Arena, con el deseo de universalizar la literatura hondureña, ya que hasta el momento no se había tratado con la seriedad debida el tema de la ciencia ficción, ni las categorías temporales propias del género. Reloj de Arena es el primer libro publicado en nuestra narrativa cuya temática es el tiempo y sus consecuencias. En 1993 lo reescribí, y publiqué la nueva versión en la antología parcial, Extraña Cosecha; posteriormente le hice otra reescritura y lo publiqué en 1998 en la antología de cuentos completos Pretextos para la Eternidad.
 
Algunas apreciaciones sobre “Reloj de Arena”

Reloj de Arena es un libro que se ubica dentro de la literatura fantástica; sin embargo, no se rige por los esquemas redundantes de la evasiva, ni se aparta nunca de la ideología. Las resonancias borgeanas, perceptibles en algunos de los relatos, son tratadas con mucho rigor intelectual y unidas a ciertas experiencias (o sueños) personales; una ficción que no pierde su identidad social ni la tradición humanista de la mejor literatura.

David Díaz Acosta, hondureño

Los héroes perdidos de Reloj de Arena son más bien hijos de las profecías pesimistas de H. G. Wells. Sus viajes imprecisos, aplastados por fuerzas extranjeras, son los restos de una sociedad intelectualmente degradada. Se puede interpretar el libro, y así lo hace el autor de la presentación de la portada, como el resultado de una sana comprensión del “materialismo histórico” que permite expresar las “preocupaciones de una auténtica transformación social”. Sin embargo, la llamada del misterio, de otro cielo y de otro tiempo, el tema de la alteralidad que se da en filigrana nos parecen más expresar la búsqueda de un destino humano.

Señalábamos la concisión del estilo que, más allá de los tópicos acostumbrados del género, le confiere al texto su gran fuerza de sugestión y su poder impresionante.

Claire Pailler, Francia

Este Reloj de Arena impresiona y define: Nery Alexis Gaitán es poeta, por más que el libro reproduzca lo que el marco estrecho de las clasificaciones llama prosa. Se tiene una imaginación asombrosa que le lleva de la mano, onerosamente a veces, por los senderos -difíciles pero maravillosos cuando hay tino para descubrirlos- de la ficción científica, caminando con elementos literarios y plásticos de un buen temple. Y algo más: cree en el hombre de ahora y del mañana soñado, y en torno de su amor le hace eterno, inmortal; le renace en un más allá del tiempo. Son diecisiete piezas que estilizan la extensión. La síntesis le obliga -en buena y prodigiosa hora- a depurar sus decires, en beneficio de todo: el lector que disfruta construcciones mínimas concentradas; la literatura que sublimiza el oficio de escribir.

Iniciándose en el sobrepujo del tiempo: irse más lejos de las trascendencias de lo cotidiano, el hombre a secas -hacia “…los cielos de la armonía, del amor y la verdad…”-. Elabora para sí y el hombre, un itinerario, en ocasiones sin escollos, otras no, envuelto en la magia del tratamiento lírico, económico y exuberante. Se abruman en el libro los símbolos de la evasión, positiva si se quiere; la desintegración de lo secularmente integrado; la muerte con causa de eternidad; la tranquilidad —sosiego, pasividad o laxitud—; la sublimación del ser humano y los esbozos —soñados reales o reales soñados— de una nueva existencia con un hombre forjador de eternidades hermosamente humanas, en el proscenio donde cristaliza el monumento del progreso.

Obra solidaria cuyo fruto nos da una “imagen llena de luz y bondad”, anuncio del mañana esperado. Pero todo como en un sueño, un sueño que procura la lucha, ajena la humanidad, por fin, de la mentira y las ensoñaciones falsas. Porque los sueños del ahora -no del hoy- no están cargados con el lastre de lo que pasó: son los sueños que se soñarán en el futuro, y el futuro está ahora, aquí, en el inicio de una eternidad tocable.

Francisco Zúniga Díaz, costarricense

El tiempo —sus laberintos y posibilidades— forma la columna vertebral de Reloj de Arena. La simultaneidad temporal (In memoriam, La Creación). El eterno retorno o circularidad del tiempo (El Regreso, In memoriam, Sinfonía en tiempo menor). La comprensión de la eternidad en un instante (La canción del alma). La existencia de diversos registros temporales (La estación de la experiencia, Cuento). El tiempo como rector o creador de la vida (Reloj de arena). La disolución de las barreras temporales (In memoriam, La estación de la experiencia). La reversabilidad del tiempo y la posibilidad de controlarlo (El cristal, El cristal II, El conjuro). La anulación de la muerte (El conjuro, La canción del alma, El viajero). La reencarnación en nuevos ciclos de existencia (La transición, Cuento, Sinfonía en tiempo menor). La predestinación (Sinfonía en tiempo menor, La despedida). Cada cuento abriendo compuertas para llevarnos a una reflexión sobre el tiempo y sus intersticios.

Helen Umaña, hondureña

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