Reloj de Arena y Otros Requisitos de Viaje

Escribí Reloj de Arena y otros requisitos de viaje porque deseba redactar la edición definitiva de Reloj de Arena. En este nuevo texto, de más peso semántico y temático, incluí ocho relatos nuevos, más un prólogo que justifica el libro.
 
Algunas apreciaciones sobre Reloj de Arena y otros requisitos de viaje (2007)
 
Apología del tiempo
El tiempo es la ribera que define la esencia de la vida; entenderlo, comprenderlo, vivenciarlo a plenitud es la tarea más real y profunda que el ser humano pueda emprender. Los pliegues de la existencia se definen con el sabor temporal que nos deja el amor, la ternura, la pasión, el desencanto… Decir tiempo es empezar un canto a la vida. Es volver una y otra vez a seguir las huellas vitales que nos señala la singladura del corazón.
La esencia de la vida es temporal, degustar ese súmmum sólo vendrá a nosotros a través de la comprensión. Los instantes son las gotas de ese vasto océano; deleitarnos en su discurrir: ahí reside la esencia del misterio de la inmarcesible felicidad, siempre y cuando hallamos dejado en el puerto todo ese cúmulo de torpezas que nos inmoviliza en nuestro navegar vital, me refiero a la ira, la envidia, el orgullo, la codicia… y que sólo nos legan la estela del dolor, la tristeza y el fracaso.
Los acápites vitales, los dramas, las comedias, las tragedias, se representan teniendo como escenario las vertientes de ese ente furtivo, fugaz e inaprensible que es el tiempo. Estos relatos, capítulos del mismo drama, siguen fiel e inexorablemente esa ruta del instante siempre presente, pero que en contraposición, en algún momento cincelan las alamedas del ayer (el culto a las insatisfacciones). Los personajes buscan, indagan, pero tristemente sólo vislumbran el lado existencialista de la brevedad de lo que es y de lo que existe, convocando de alguna manera un dejo de amargura y desencanto.
Espero que el lector entienda las huellas de la imprecisión de estos personajes, y sacando de ellos una lección de vida, enfile el timón de su existencia hacia los mares de la eternidad, es decir, hacia el horizonte de la plenitud en íntima armonía con el pulsar del tiempo que sólo dicta el corazón.
Para mi lector, las sonrisas del tiempo por siempre…
 
 

Reloj de Arena y otros requisitos de viaje: Tiempo, el lienzo donde se traza la Vida.

Cuando pensamos en una definición para el tiempo, generalmente nuestra mente trata de recurrir a una serie de tecnicismos y palabras impersonales para asegurarnos de que la frase que atravesará nuestros labios, si es que buscamos compartirla con alguien, suene reflexiva y precisa. Reloj de Arena va más allá de vanos tecnicismos y rescata la esencia de esta mal comprendida palabra, porque al fin de cuentas, qué es el tiempo sino el magnífico lienzo donde se dibujan los trazos de nuestra vida.

Al tomar conciencia de que el tiempo es vida, definitivamente caemos a la cuenta de que no podemos ser indiferentes a su transcurrir, y en lugar de verlo como un inclemente asesino, lo vemos como un hermoso escenario sobre el cual han de relucir nuestras actuaciones inéditas, sobre él podemos plasmar actuaciones magistrales impregnadas e impregnantes de belleza o deprimentes espectáculos que hacen palidecer lo horroroso, al fin de cuentas todo depende de nuestra actitud ante el tiempo y la vida.

Reloj de Arena hace un hermoso énfasis en una de las grandes verdades que debemos alojar en la conciencia, no somos eternos aquí, vamos de pasada, y aunque el más allá sea magnífico, sus razones tendrá la Divina Providencia para concedernos un pestañar en esta tierra. Quizá conocer la razón por la que el Eterno nos da un pálpito en este camino es una meta personal que cada quien debe esclarecer para sí, no obstante, y en definitiva, ser espectadores de la vida no pudo ser nunca el plan original.

No podemos partir sin haber amado, no podemos dar la espalda al suelo sin haber visto un par de ventanas iluminarse ante nuestro retorno, no podemos dar el último beso al viento sin llevarnos la boca llena del sabor de dulces momentos de alegría, no, el tiempo no es nuestro enemigo, es el aliado que nos ha sido provisto por el creador para acrecentar la intensidad en nuestro tránsito lento.

El mejor día para ser felices es hoy, el mejor momento para disfrutar la vida es el que tenemos por delante, que cada grano que cae del reloj nos motive a dar rienda suelta a la alegría, que brota libre del interior de un corazón que se ha propuesto estar contento, y que cada grano que aún reside en su parte superior nos anime a disfrutar el precioso regalo de la esperanza que se sustenta en el hecho de que no nos hace falta nada para vivir plenamente el ahora.

Fredy Vides
Invierno de 2009.

RELOJ DE ARENA Y EL RECUENTO DE LA VIDA

Este libro nos hace reflexionar sobre el tiempo y la vida. Toda nuestra vida está basada en el tiempo; el aprovechamiento de éste es vital para obtener un futuro distinto. Cada minuto construido repercute en el futuro para bien o para mal.

Hay personas en la vida que se dejan llevar por pensamientos oscuros, por la vida fácil que ofrece el mundo. Hay que seguir los ideales de bondad, comprensión, y tener humildad para que se nos abran puertas en la vida, en la cual nos ayudarán a pasar los años más pacíficos en hermandad.

El practicar los valores inculcados por nuestros mayores es una lección de vida para el mejoramiento de nuestro caminar.

En la vida debemos hacer todo con una actitud positiva, tratar de tomar las mejores decisiones para que en nuestros últimos días miremos hacia atrás y estemos orgullosos de nuestros hechos y andanzas en el espacio terrenal.

Como en el relato, La Transición, no todo ser humano, al momento de hacer su último viaje, tiene la gracia de poder evaluarse y pensar si lo que hizo en el transcurso de su vida fue algo satisfactorio, y si a lo largo de ésta contribuye para el bien general.

Al momento de partir de este mundo hacia el cosmos es algo excitante y desconocido para el hombre, pero no todos pueden tomar este viaje con el debido placer que se experimenta cuando en la vida se hacen las cosas sin amor y egoísmo; o sea que es necesario morir en paz con nuestra conciencia.

El hombre debe contribuir para el bienestar de todos, trabajar por la paz y la unidad. Debemos utilizar nuestros dones y actitudes no para desarrollar lo malo, sino más bien lo bueno.

El hombre cierra su corazón a la paz y bondad cediéndole terreno al rencor y odio, debido a esto la Tierra no nos da felicidad porque el corazón del hombre cedió terreno a pensamientos oscuros.

Nuestro tiempo está condicionado y es corto, debemos luchar para culminar nuestros deseos y anhelos. Una vez hecho esto estaremos listos para partir en la nave interestelar, que al pasar de un lugar ya conocido a un lugar al cual desconocemos llevamos expectativas de cambio y mejora; pero al estar en el nuevo lugar con el tiempo caemos en la rutina y anhelamos los viejos recuerdos. La vida es sólo una, hay un tiempo justo para cada cosa, si no la aprovechamos quedaremos desilusionados; todo pasa por una razón y el vivir cada día va imponiendo los quehaceres.

El problema es no aprovechar el tiempo que tenemos de vida; hay que vivir siempre con la idea de aprovechar al máximo todo, porque la vida es corta, se acaba y hay que darnos calidad en el vivir diario, amor, alegría.

El mundo está al revés, hay mecánicos trabajando como médicos, y jueces trabajando como zapateros. Y muchos no son felices, porque no están cumpliendo su misión de vida.
Y la muerte es la que hace que reacciones, no tienes tiempo, ni te constan las otras vidas, sólo tienes esta vida, y debes aprovecharla al máximo.

Muertos en vida, hay muchas personas así. Ya están secas. Ya no son capaces de ver un atardecer extasiados, ni pueden sorprenderse con una flor, todo les parece tan gris.

Estamos muertos si no somos capaces de entregar el corazón al amor, amando totalmente.

Estamos muertos si no somos capaces de extasiarnos por la Naturaleza, un abrazo, una mirada, una flor, una palabra.

Estamos muertos si pensamos que el matrimonio son dos personas que se pertenecen, se juzgan y no permiten que la pareja crezca.

Estamos muertos si no somos capaces de ver en la otra persona, más allá de sus malos modos, su rabia, su antipatía; que es un ser humano que ha tenido un mal día, o sufre y está deprimido. ¡Nadie que sea feliz, maltrata, ni hiere a otra persona, está muy ocupada siendo feliz!

Nacimos en una sociedad que nos enseña que para ser felices tenemos que cumplir con una filosofía: nacer, crecer, estudiar, graduarte en la universidad, trabajar en una compañía prestigiosa, tener mucho dinero, éxito y poder. Casarte con un hombre o mujer exitosa también y tener hijos exitosos. Y somos exitosos para la sociedad, pero estamos muertos en vida si no somos capaces de ver más allá de esas cosas banales.

¿Y la muerte? Es nuestra mejor aliada. Gracias a ella, podemos ver qué clase de vida queremos tener. Podemos seguir igual, total, moriremos y todo se acabará. O podemos vivir cada día como el último realmente. Capaz mañana no estemos, pero al menos hoy viviremos verdaderamente.

Sé que los que están enfermos, están muriendo, es duro. Es difícil, saber que dentro de poco te irás. Siento el dolor en mi alma. La vida se les va. ¿Pero saben qué?, a todos se nos va la vida, y todos moriremos, aunque vivamos hasta los 90 años, moriremos, desapareceremos. Nadie quedará, todos pasaremos por ese momento. Y hay muchos que se van sin saberlo, y dejan de vivir.

En la búsqueda de una fórmula para detener el tiempo para encontrar la juventud eterna, aplicamos la leyenda del reloj de arena, para no dejar pasar el tiempo y cristalizar el anhelo de nuestra vida, encontrando la juventud en exceso en el hombre o la mujer de nuestro corazón.

Siempre buscamos la explicación de lo eterno estando preocupados por conocer nuestra existencia en esta vida. No encontrando las respuestas debidas, en nuestra vejez nos consolamos sabiendo que pronto llegará ese día en que se pueda vivenciar lo eterno; recordando todos los intentos fracasados por conocer lo extraterreno, y no conociéndose a sí mismo se burla de su ignorancia y pérdida de tiempo.

En conclusión, nuestra vida es un reloj de arena, cada grano representa un episodio de nuestra vida, ésta es tan pasajera que es más lo que dejamos de hacer que lo que realmente tenemos que ejecutar, pensando siempre que habrá tiempo después, y no es así, tiene más tiempo el simple reloj de arena que nosotros en esta Tierra.

Sonia Judith Estrada Zavala

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