Melodía en Primavera

Escribí Melodía en Primavera porque deseaba abordar el tema eterno del amor, desde la perspectiva de los valores y la calidad humana. La vida tiene sentido cuando vivimos al abrigo del amor y sus consecuencias, pero es necesario tener un alma con la amplitud del cielo para ir al encuentro de lo exquisito. Este libro plantea que lo imprescindible es comprender el amor y vivenciarlo sin apegos de ninguna índole.
 

Algunas apreciaciones sobre “Melodía en Primavera”

 

El amor es lo único que importa en la vida (*)
(*) Palabras del ensayista Segisfredo Infante, pronunciadas en el Antiguo Paraninfo de la UNAH, con motivo de la presentación oficial del libro “Melodía en Primavera” del narrador Nery Alexis Gaitán, en el momento mismo en que este último ingresaba a la Academia Hondureña de la Lengua Española .(Diario La tribuna, 23 de junio de 2002, pag. 9-B).
Nery Alexis Gaitán ha propuesto en uno de sus relatos más recientes que “el tiempo no es motivo para que muera el amor”. Esta propuesta categórica coincide con una época en que predominan las prisas cotidianas, las fatigas, el estrés, los cálculos, las deslealtades, los destiempos, la incertidumbre y el desamor.
Quiero contarles esta noche, incurriendo en un ligero acto de infidelidad fraterna (“In partibus infidelium” decía Ortega y Gasset en 1914, expresión que fue repetida por Graham Greene en una novela suya publicada años más tarde) que el buen Nery ha tenido la costumbre de obsequiarme, casi siempre, las copias de algunos de los primeros borradores de sus cuentos y relatos, con la tácita idea de que yo vaya entresacando un poco de mi tiempo para leerlos antes de publicarlos, y quizás para ofrecerle peregrinas sugerencias literarias. “Melodía en Primavera” (mayo de 2002) no ha sido la excepción. Hace aproximadamente tres meses, coincidiendo un poco con el equinoccio de primavera que en Honduras acontece cada veintiuno de marzo, Nery me entregó un legajo constitutivo de este último de sus libros, que ahora que está publicado registra unos veinticinco relatos cuajados de amor, de miradas aurorales, de nostalgias, desilusiones, despidos, olvidos y esperanzas.
En casi toda la obra narrativa de Nery Alexis Gaitán (estamos hablando de un mínimo de ocho libros publicados) está presente el tema recurrente de una amada de invariables ojos verdes, lo mismo que de un amado muy apuesto en donde ambos se encuentran en el limbo esplendoroso de unas circunstancias fugaces de entrega, separación y distanciamiento, quedando los amantes (vuelvo a usar una expresión de Ortega) “ahuecados” en la nostalgia y el olvido. Pero es quizás en esta “Melodía en Primavera” que nuestro autor vuelve más reiterativo el tema del amor como aquella “razón única” que la traslapa, o consubstancia, un sentido universal a la existencia. Se trata, en el fondo, de una propuesta poético-narrativa que tendría perspectiva teórica en la visión filosófica de algunos pensadores como María Zambrano.
Nery Alexis Gaitán ha sondeado todos los probables recodos teóricos, teoréticos, musicales y místicos del amor que a él le han sido posibles. Ignoro (no me interesa saberlo) si acaso sus incursiones prácticas en el viejo tema de los amantes corresponden a sus visiones narrativas e intuitivas del asunto. Percibo, desde muy lejos, un extraño parentesco de “Melodía en Primavera” con las antiguas canciones amorosas, versuales y narrativas, de la China milenaria. Otro parentesco con los textos de los místicos taoístas y quizás con el budismo más o menos occidentalizado, mismo que a la manera del “Sidartha” de Hermann Hesse, busca y rehuye el amor a un mismo tiempo, quedándose los personajes en cuestión, como acurrucados a la orilla del río caudalosamente lírico de la vida. También se percibe una resonancia antinómica de los mejores tangos del inolvidable Carlos Gardel. (El autor podrá decir, más tarde, si hemos estado equivocados o acertados con estas observaciones).
El escritor que presentamos esta noche ha estado poseído casi siempre por el tema de la “ciencia ficción”, sin abusar en su obra narrativa de las estridencias tecnológicas de otros autores que fuera de Honduras cultivan este subgénero literario. Nery Alexis, más bien, ha pactado un ligamen amistoso con la dulzura lírica de uno de los maestros del “género”, me refiero a Ray Bradbury y sus “Crónicas Marcianas”. En esta “Melodía en Primavera”, sin embargo, el narrador Gaitán ha renunciado a los recursos de la mejor ciencia “ficticia” para centrarse únicamente en el tema del amor. Yo me siento contento, muy particularmente (perdónenme esta vanidad), porque en el noveno relato de la obra que hoy presentamos, el lenguaje de Nery tiende a traslaparse, consciente o inconscientemente, con el lenguaje otoñal de mi poemario “Paciente Inglés, Reflexiones en el Cine” (marzo del 2001), utilizando frases como las siguientes: “el corazón agotado no resiste más”, “después de su partida sólo me quedó la desolación”, “nada me queda, nada tengo para dar”. Luego en el último párrafo tanto del décimo como del vigésimo quinto relato, respectivamente aparece esta frase inolvidable: “el amor es lo único que importa en la vida”.
En verdad que coincido con Nery Alexis Gaitán cuando sugiere que el amor, por muy fugaz que sea, es aquello que le imprime, más allá de las urgencias pragmáticas de nuestro tiempo, un genuino sentido a la existencia. Distanciado de las relaciones y actuaciones calculadas de los hombres y mujeres que reproducen la sordidez y la mezquindad en la vida cotidiana, Nery Alexis afirma en uno de sus relatos que “si la humanidad amara en verdad, este planeta sería un paraíso, pero tristemente vivimos en el desamor, el odio y la envidia es lo que gobierna a los humanos”. Esperemos que la Tierra se convierta algún día en un rincón realmente paradisíaco de la Vía Láctea, y que Nery Alexis Gaitán sea coherente con el contenido de sus maravillosos relatos amorosos, que en el fondo sedimentan, muy posiblemente, hacia una nueva propuesta narrativa para la literatura nacional.
Tegucigalpa, M. D. C., junio del año dos mil dos.
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“Melodía en Primavera” es una obra laberíntica y recurrente, un ir y venir sobre las posibilidades narrativas de un tema, donde se eliminan incluso los personajes y el lector se encuentra casi leyéndose a sí mismo. El yo que campea en sus relatos como en “Busca del tiempo perdido” de Marcel Proust o en las Confesiones de San Agustín, es el supuesto de infinitas posibilidades sobre el uno mismo. Confesante y confesado a la vez sin género humano alguno definido. A veces podemos pensar que una mujer se interroga o un hombre, por ejemplo, sobre los distintos caminos del amor. Interrelación de voces narrativas.
“Melodía en Primavera” es un libro curioso cuyo género literario es igualmente indefinido, ambiguo, aunque sepamos que el autor es un obseso del cuento.
Sin embargo, decretar su género es una tarea penosa que corresponde a un doctor en letras y, no, a un hombre de pocas luces como yo. Cuento, novela, relato largo, el lector en esta obra sólo está destinado a leer. “Melodía en Primavera” responde a eso: a una lectura sin género en un lenguaje poéticamente depurado y directo que ha ganado mi profundo respeto. Se me antoja un ensayo narrativo sobre el amor.
A ese esquema laberíntico responde también el amor captado en este libro. Una voz nos habla del amor sublime, otra del desamor, del olvido, de la soledad que significa no amar, de las despedidas, de la espera que es igual a la locura, de la angustia; el amor tiene tantas posibilidades como estar en una sala de espejos que reflejan distintas imágenes de una sola figura, donde la obsesión es el eje que los hace girar.
Es un libro encantador que me ha deparado una curiosidad: el capítulo XX es el cuento “Yang Fei” del libro de cuentos orientales “A la Sombra del Loto”.
Quizás haya otros complementos iguales, pero es urgente sintetizar ese afán de la obra que busca sus mejores posibilidades.
 
José Enrique Cardona Chiapas, poeta hondureño.

Melodía en Primavera tiene un sabor a penumbra, a mansedumbre, a ingenuidad. Hay movimiento captativo y acercamiento natural de desenvolvimiento espiritual; de inicio amoroso.
Con esta percepción se presenta la portada con el cuadro de “Le Printemps” de Pierre Auguste Cot, en el cual una pareja se columpia con el acercamiento propio de la juventud que explora la ternura, que busca con las miradas de playa donde los sentimientos puedan anidar. Bonito cuadro donde convive en ameno coloquio la sombra y la luz en una vegetación primigenia y humedad sugerida. El movimiento detenido insinuando castidad, inocencia, y en medio del verde repetido, el principio de lo esencial de la humanidad: el amor, y que es el libro, su esencia.
El libro parte con un sabor a narración clásica; con ese contenido de aquellas historias donde la obsesión es fundamental para afianzar el criterio; donde el ideal se forja a base de sacrificio; donde se ignoran los elementos y la acción se vuelve concluyente, direccional. Se podría afirmar que la intención general es afirmar que el amor es la base fundamental del quehacer humano; que sin él no hay comprensión ni felicidad. Se va buscando a través de una narrativa con sugerencia de hechos sucedidos en otro tiempo, a extratos actuales que finalizan con el objetivo de contar la historia personal. Una historia que aparenta salir de la fantasía; de la realidad suspendida; de los actos humanos arreglados; de una realidad objetiva dentro del vivir del libro, pero que nuestro procesador mental dirigiere un tanto receloso, pues le asalta la ambigüedad de que si es la imaginación del autor galopando en las llanuras del proceso creativo, o es él mismo desnudándose interiormente en pos de materializar su mensaje.
Tiene una gran orientación a filosofar, a enseñar, a ser concluyente en los personajes, pero sin salirse del contexto emocional; sin abandonar el dolor, la ausencia, el conformismo sentimental; siempre sumergido entre lo conocido y lo supuesto. Hay un acordar que se vuelve afirmación de vivencias; hay un describir que se vuelve autor en primera persona; insinuación de experiencia personal; una especie de justificación; una declaración de dependencia por un oculto sentimiento de falta de aceptación maximizado por la sobreprotección. Es una dedicatoria al amor, a sus elementos que lo integran; una ventana que se abre lentamente para dejar percibir entre los ropajes del lenguaje, un grado de frustración y de incorformidad hacia las actitudes negativas de las personas frente a las cualidades morales y religiosas de hoy en día. Es una forma del autor, de encerrarse en sí mismo, y erigirse en figura autosuficiente de la comprensión de esas corrientes internas que llevan a las altitudes de lo esencialmente espiritual. Es el poeta convertido en niño creando sus propias fantasías. Desnudando sus sentimientos a pleno viento social.
El amor es y será un tema eterno, por lo menos para los que saben que es un buen refugio para pulir los sentimientos y construir una convivencia integral. El libro bellamente escrito, con su lenguaje académicamente adaptado a la expresión romántica, es una lectura idealista porque nos hace olvidarnos del amor direccional en que nos sumergimos actualmente y de los futuros atrayentes sexuales del amor clonado.
Siempre he creído que este poeta y escritor un tanto huraño lo persigue la creencia que la gente aún no está preparada para la convivencia armónica. Que la sociedad se mueve dentro de una hipocresía diferencial y que el estímulo a los hechos literarios está al otro lado del horizonte.
El libro Melodía en Primavera, se aparta de esos criterios para transitar por los caminos de la castidad de pensamiento; de la percepción de lo único; del reventar de la primavera universal donde el dolor se queda estacionado a la orilla de la floresta humana. Melodía en Primavera es más que eso: es la primavera del amor en eterna melodía.
Poeta, Samuel Villeda Arita

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