La Vida Menor

 

Escribí La Vida Menor porque deseaba evidenciar el maltrato físico, emocional y psicológico de los niños de la calle, y cómo ellos están expuestos a los más crueles vejámenes. Lo publiqué en 1990, posteriormente lo reescribí y le agregué diez nuevos relatos, originalmente sólo tenía veinte. Lo publiqué parcialmente en la antología Extraña Cosecha en 1993; en 1998 lo incluí totalmente en la antología de mis cuentos completos Pretextos para la Eternidad. Actualmente he publicado la novena edición.

Algunas apreciaciones sobre “La Vida Menor”

Nueva edición ampliada de La Vida Menor

La historia de algunos libros es extraña, estas crónicas que el lector tiene en sus manos aparecieron por primera vez en mil novecientos noventa; tras ocho años de hacer mutis en los entretelones de la vasta producción de su autor, retornaron al seno de nuestro pueblo teniendo un impacto en la vida literaria nacional sin precedentes. Hoy sale a luz esta nueva edición en donde los lectores encontrarán de nuevo los pequeños hermanos que viven en la desventura de las calles, donde solamente con nuestro abrazo solidario borraremos la tragedia que ha signado sus vidas para siempre.

El realismo crítico a través del tiempo ha dado obras maestras, obras de indudable valor literario y de aliento histórico. Sin embargo, sucede a veces que cuando la literatura, cuando el arte en general se acerca más a la experiencia real, la expresión de estas obras, desde el punto de vista literario-artístico pueda parecer discordante, inarmónica con la experiencia viviente, tal vez por el motivo que en una obra de expresión realista importan más los hechos, la descripción del problema concreto que las disquisiciones literarias. En este pequeño, pero sustancioso libro, encontramos el equilibrio que por un lado desnuda una acuciante realidad, y por otro, un vibrar artístico que nos sacude el corazón.

Ahora aparece una edición. Sí, se agregan nuevos relatos ampliando la expresión del libro al incluir más de algún asunto nuevo en la problemática de los niños desamparados de esta ciudad; nuevos textos consonantes, en donde igual que en los anteriores, se manifiesta, se describe la orfandad social y la indigencia material de los niños menos favorecidos de Tegucigalpa y quizás de cualquier otra ciudad con similares problemas.

La Vida Menor trasunta una intensa solidaridad con los niños desamparados que transitan por las calles de nuestras ciudades sin más expectativas que la asechanza nocturna del frío, la angustia cotidiana del hambre y la ansiedad de comprensión amorosa. Refleja un sentimiento de justicia, de dignificación de nuestros niños que a temprana edad tienen que asumir responsabilidades que implican innumerables riesgos en un medio social hostil que los ahoga en la desdicha; es un sincero y objetivo señalamiento de las desigualdades históricas de un ambiente social que injustamente margina a unos y concede privilegios ostentosos a otros. Es un cuestionamiento sincero en razón de que no escamotea artificiosamente el planteamiento del problema inmediato.

El tono menor en la utilización del lenguaje nos conduce adecuadamente al contexto. Sin pretensiones retóricas, sin lágrimas que puedan opacar la conciencia artística, el autor de estos breves relatos acude a la asociación de ideas, a imágenes sencillas, sorprendentes, densas de significado. En La Vida Menor la interacción del individuo con el medio no sólo se interpreta desde un criterio biológico, sino que también desde el criterio histórico; se descubre la relación real, objetiva, del medio en donde se desenvuelven los protagonistas. Asimismo se bucea en la actividad psicológica de los mismos. No sólo se expone como escena de contemplación, sino que también se afirma en la actividad sensorial de los niños en forma de práctica diaria.

No se le escapan a Nery Alexis Gaitán, las actitudes internas de sus personajes. Los sentimientos infantiles brotan como cascadas cristalinas que al chocar con la dura realidad se consumen al convertirse en conmovedoras escenas de desolación. La ilusión infantil se refleja en relatos como Historia de un soñador, Al pasar y en La limosna; el sentido de responsabilidad ante las necesidades aflora en El deber diario, A la escuela y en Soledad. Actitudes evasivas ante la angustia de la derrota diaria se exponen con desoladoras imágenes en Pasaje al olvido, Ceremonias del morir y en Ronda infantil.

Las pretendidas apreciaciones personales exactas, se escapan y a veces arrojan más obscuridad que luz; en ese sentido, pensamos que los mejores juicios de valor sobre este libro, los hará á el lector, de acuerdo a las definiciones descriptivas que el autor de La Vida Menor nos presenta.

David Díaz Acosta

Cada uno de los cuentos de La Vida Menor apunta hacia un blanco específico: dejar al descubierto algún problema de la niñez, especialmente la perteneciente a los sectores marginados de la sociedad. Su estructura gira en torno a dos polaridades: la visualización de una realidad posible ¾anhelada e inalcanzable¾ y el choque contra la brutal realidad del medio.

La realización imaginaria del deseo, el dejar que la mente vague por los reinos de lo anhelado imposible, encuentran su expresión en cuentos como “Al pasar”, “El límite de la ilusión” e “Historia de un soñador”. En el primero, el niño, viendo que una madre acaricia a su hijo, imagina ser él quien recibe las muestras de ternura; en “El límite de la ilusión”, ya cuando un niño está a punto de alcanzar el juguete deseado, entre éste y su mano extendida, se interpone el vidrio de la vitrina.

Helen Umaña

La Vida Menor se compone de treinta relatos breves, muy breves, el mayor de ellos tendrá apenas unas treinta líneas, y son pequeñas probadas de la vida cotidiana, envueltas en una prosa poética de indudable efecto. Lo poético no le quita lo impactante, y tratan sobre los niños de la calle, pues a Nery Gaitán le importa lo social.

Joaquín-Armando Chacón, mexicano

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