Este Volver a la Infancia

Este Volver a la Infancia es un libro de veinte relatos, los personajes son niños, y es una visión nostálgica sobre la infancia que partió y nunca volverá. También se abordan ciertas injusticias de naturaleza social y humana, en donde se evidencia el desamor hacia los infantes.

Algunas apreciaciones sobre Este Volver a la Infancia
Por un retorno a la inocencia
Recordar los años idos de nuestra vida en donde la inocencia y el asombro se erigían como las únicas verdades, es volver a contemplar los parajes de un tiempo dichoso. Más aún si nuestra infancia fue bordeada por las empresas de lo insólito y lo tenaz, en contubernio con los amigos que nos ayudaron a comprender ese entorno de maravillas como lo fue el primer sabor de la aventura, los primeros juegos, la primera lluvia que nos empapó el cuerpo y el espíritu o el primer escarceo de amor. Este volver a la infancia es un deleite que nos deja una sonrisa en el alma; es un acto de amor que nos señala el viaje hacia lo noble y lo hermoso.
Agradable sería volver la vista hacia atrás y encontrar sólo nobleza y amor, pero el paisaje infantil a veces nos lega un panorama de tristeza o de injusticia, en donde los valores del espíritu se han difuminado; los mayores, habiendo olvidado lo real: los tesoros del alma, se han lanzado a una ordalía de engaños y traición. Así, han invadido los campos de la infancia con sufrimiento y desconsuelo, negando a las nuevas generaciones un porvenir de esperanza y felicidad.
Maravilloso sería recapitular en los campos del ayer, plenos de ternura e inocencia, para iniciar la edificación de un mundo más justo y humano el día presente. De esta forma brindaremos a los niños de hoy ¾los hombres y mujeres del mañana¾ la lección más importante de la vida: que el amor es la única respuesta ante los embates del odio.
A los lectores y lectoras, mi abrazo pletórico de hermandad.
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Nuevamente el escritor Alexis Gaitán abre su corazón para darnos a conocer otra aurora de su interior con el libro “Este Volver a la Infancia”.
Es una obra muy interesante que despierta nostálgicos acercamientos; rememoraciones que a trozos nos identifica con realidades nuestras o de otros. Nos hace que incursionemos inseguros en las creencias de suponer que es el amor quien describe sus experiencias o es el escritor actuando como autor de los hechos. De todas formas, lo que tiene importancia para el lector es el contenido de lo narrado a través de los movimientos de los personajes.
Como los cuadros que se presentan en el libro están matizados de situaciones no exclusivas del autor, sino que tienen mucha semejanza con vivencias experimentadas por otros, el libro tiene una importancia de interés general.
Buen indicio para que guste y en consecuencia para que camine solo un largo trecho de la senda que conduce a la permanencia.
La vida emocional del libro descansa en las cosas sencillas que vive un niño, creyéndolas verdades absolutas. La fantasía que es el móvil más importante para un escritor, se vuelve realidad de vivencia contada. Los hechos cotidianos están ahí, como jugando o sucediendo en un mundo paralelo, donde basta abrir la puerta, para sentirlo vivo, en movimiento, tal como es.
Leer el libro es penetrar, no en el recuerdo como tal, sino en la nostalgia valorativa. Es como acariciar imposibles que se materializan. En eso radica la fuerza de lo descrito; en esa capacidad de hacernos que tomemos parte como autores de lo narrado y no como simples espectadores. La misión de un buen escrito es aprisionar al lector y este libro lo logra, no imantándolo intelectualmente, sino emocionalmente.
Es muy raro que estando en la edad de los saltos inquietos de la niñez, no se nos cruce un compañero con una tristeza al hombro; que en nuestro interior no germine el amor hacia la maestra; que un compañero o compañera demasiada blanca no nos cauce extrañeza y atracción; que no se admite a un líder, o que no escondamos la timidez. Todo eso se da en la niñez porque es la edad de la fantasía donde cada minuto que se deshoja es una aventura; es la edad donde los sueños no tienen carácter de extraños; sino que son parte de una realidad que solamente él comprende y que no comprende la incredulidad de los mayores.
La realidad social de hechos que son relativamente censurados socialmente, son en este tipo de narrativa, formas de contarnos con alguna soltura y naturalidad, aspectos cotidianos un tanto privados.
Es un buen libro que hay que leerlo como humano lector si queremos acercarnos a su valor intrínseco, porque hacerlo con criterio de analítico literario, espanta la fantasía y por lo tanto el alma. Hay que abrir con cuidado y ternura sus páginas para ver a los autores actuando con naturalidad, pues al menor ruido brusco, se esconden en las esquinas o en los armarios; y entonces, desaparece la esencia de lo humano. Es tiempo de abandonar los automatismos críticos basados en el egoísmo que surge de la incapacidad o de la envidia y buscar lo positivo. Hay que sustentar la comprensión en el criterio que no hay perfección sin esfuerzo, y el escritor, siempre será un caminante en pos de su horizonte definitivo.
En Alexis Gaitán hay una tendencia a ese volver pasado (algo parecido a como lo manifestara con profundo sentimiento Jaime Fontana al referirse a Honduras, involucrando el deseo de volver a sus pinares, o volver a escuchar el relincho del potrillo), como un escape de la realidad que parece cansarlo y hasta molestarlo, de ahí que en lo temático hay tendencia al acercamiento familiar como búsqueda de protección y como intención de protegerlo por considerarlo el único entorno ausente de contaminación. Si los escritores solamente imaginaran la trama narrativa de sus escritos serían vacíos, pero cuando se les pone algo de vivencia se vuelve dinámica y creíble.
Samuel Villeda Arita
*Imagen tomada de Flickr.  Usada bajo Creative Commons*

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