Arrullos a la Orilla del Ensueño

Escribí Arrullos a la orilla del ensueño porque deseaba tratar sobre el mundo onírico que complementa esta parte de la existencia, haciendo énfasis en que el estado de vigilia sólo es un sueño, ya que tenemos dormida la conciencia y no somos capaces de percibir las verdades espirituales por el sopor del pecado que hemos edificado. Negando así la potestad del amor que todo lo hace posible.
 
Algunas apreciaciones sobre “Arrullos a la Orilla del Ensueño”
 
Conjeturas sobre el soñar

…¿quién sabe si esta otra mitad de la vida en que creemos estar despiertos, no es sino un sueño un poco diferente del primero, del que despertamos cuando creemos dormir?
Blaise Pascal
En la India, ancestral tierra de misterios y enigmas insondables, destaca el sistema filosófico llamado Samkhia que parece haber iniciado Kapila, sabio del siglo VII a. de C., y que enseña que existen dos realidades; una, la del mundo fenoménico, llamada Pakriti (o Naturaleza, que está compuesta en partes iguales de tres elementos: bondad, pasión y oscuridad); y la otra, llamada Purusha (Alma), y que es “la materia espiritual de la que se forman las almas individuales que sueñan que se hallan prisioneras en los cuerpos y sujetas a la ronda de la vida y la muerte”, aunque según se nos dice, esto no es verdad, ya que las almas están hechas de una materia tan pura y espiritual que no se involucran verdaderamente en el mundo fenoménico, sino que solamente sueñan que esto acontece. Entonces este mundo sólo sería un sueño, no muy placentero por cierto, para las almas inmortales, por lo que carecería de verdad, sería sólo una apariencia engañosa, una ilusión ¾Maya¾ como lo estableció Shancara (788?820 d. C.), en su sistema filosófico llamado Advaita.
Célebre es la anécdota de un filósofo que sostenía que el mundo no era real, sino apariencia. Este aparentado pensador se encontraba presenciando un desfile, cuando de pronto, un elefante enloqueció y empezó a aplastar a la multitud, el filósofo, lleno de pánico, corrió a refugiarse a lugar seguro. Cuando sus discípulos, burlándose, lo interpelaron sobre su amedrentada huida, él, ingeniosamente, respondió que no había corrido, solamente había aparentado que huía… Siguiendo este discurrir, que el mundo es sólo ilusión, apariencia o sueño, para comprobarlo nos basta confrontar la brevedad de la existencia humana con la eternidad, así nos damos cuenta que nuestro existir sólo es un breve sueño, el sueño de la vida…
Lo cierto es que el sueño es una inquietud difusa, una de las formas de la realidad. Los místicos -aquellos revolucionarios en sí mismos que buscan la autorrealización íntima del ser: comulgar con la divinidad- plantean que al dormir vamos a la quinta dimensión. Las cuatro dimensiones previas son: el mundo tridimensional -alto, largo y ancho- más la cuarta coordenada que es el tiempo; al trascenderlo, entramos a la eternidad, como ya dije, la quinta dimensión: donde moran los muertos -aquí tiene su sede el Tribunal de la Justicia Divina: lugar donde se pesan nuestros actos y se decide nuestra residencia en la eternidad: los círculos infernales o los espacios celestiales-, esta dimensión carece de tiempo porque sólo existe un eterno ahora; también es denominada la región astral. Al dormir, abandonamos nuestra forma densa: el cuerpo físico, y nuestra alma se libera -mediante su vehículo propio: el cuerpo astral- y va a vivir una vida paralela en esa etérea región: el mundo de los sueños; pero como andamos nuestra conciencia dormida por el sopor del pecado, esa otra realidad nos es vedada y solamente traemos vagos recuerdos de esa otra existencia, más real porque es el alma quien la vive, y ya sabemos que el alma no muere, por lo tanto, volviendo a la verdad de Kapila, deducimos que el soñar es lo real, lo verdadero, y este mundo tridimensional, fenoménico, es sólo un percance en el aliento de lo eterno; más aun, una estación de castigo por quién sabe qué infracciones celestiales.
Sería largo enumerar las cosmogonías que conciben la Creación como el resultado de alguna variante del soñar -evoquemos el sueño ubérrimo del Señor Khrisna-, sólo debemos recordar que en el principio se alude a la presencia de lo inmanifiesto, el caos, las tinieblas…: telón de fondo de las propiedades del ensueño.
Al soñar, cada uno de nosotros crea, entonces, otra vida, otra historia, otra realidad, otra ficción (la que en verdad cuenta en los anales del ser); aquí me es lícito decir que por un breve instante -un sueño fugaz- he contado sueños en los sueños de otros, séame permitida esta intromisión.
Este libro es un viaje por algunas regiones del dormir, que espero, los lleve a un sueño real donde el ensueño procesado sea siempre la quintaesencia de la alegría y la felicidad; por lo demás, va siempre mi saludo fraterno.

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