Aprendiendo a Educar para la Vida

La vida es una escuela de aprendizaje constante. De la forma cómo la concibamos dependerá nuestro característico proceder por las alamedas de los días presentes. La visión de mundo que se tenga será el faro que iluminará la amplitud o la estrechez del proceder existencial.

La forma de pensar, sentir y actuar está determinada por los valores del alma y del espíritu, dando como resultado una vivencia llena de plenitud y felicidad o de insatisfacciones y frustraciones de toda naturaleza.

La construcción de una visión de mundo integral, ecléctica u holística (que es el término de nuevo cuño para referirse al extracto de lo mejor en todo) no es una tarea fácil. Edificar y vivir de acuerdo a los más amplios estándares de calidad implica una búsqueda constante de los valores humanos y de la existencia plena en general. Buscar, indagar, investigar, debe ser una actitud constante en el ser humano, así tendrá como resultado una amplia comprensión sobre la vida, la condición humana y, sobre todo, cómo vivir una existencia de calidad al abrigo de los más elevados valores vitales.

Iniciar una búsqueda de calidad existencial, no es una condición que adviene por azar. Es, ante todo, una urgencia producto de un elevado nivel concientivo. La conciencia urge al hombre a mejorar, modificar e imprimirle calidad a todos los actos de su vida; ese nivel de conciencia comprende y vivencia la prosperidad en todos los ámbitos del ser, además, es un juez interior que activa la capacidad de remordimiento cuando los actos no han estado a favor de lo noble. De no ser así, esa persona habrá perdido su esencia humana y procesará su existencia desde la crueldad y sus oscuras facetas, y la maldad y el dolor infringido estarán siempre presentes en su pobre vivir.

Concebir la vida mediante la prosperidad, lo bueno, lo noble, lo hermoso, la caridad y demás valores del alma, es la verdadera esencia vital del ser humano, es dignificar la existencia y tener una razón válida para vivir cada día. Toda persona digna y noble comprende entonces que la felicidad personal se hace posible por la escuela del servicio a los demás. Que es necesario, urgente e inaplazable ayudar a los semejantes a entender y comprender la existencia desde la perspectiva más amplia posible en todos los ámbitos del vivir: religioso, familiar, social, económico, político, etc.

Abordar la empresa de ayudar a otros requiere, en primer lugar, haber comprendido y vivir de acuerdo a elevados valores existenciales; y, en segundo lugar, desear contribuir a divulgar ese bienestar que se está vivenciando para que los demás tengan acceso a él. Compartir lo mejor que se posee, sin importar lo que sea, es la ruta de un humanismo beligerante que entona el más alto cántico vital en la sinfonía de la vida, que está compuesta por todas las nobles tareas que dicta el corazón jubiloso de prosperidad.

Las nobles tareas de la existencia son aquellas que ayudan al ser humano a vivir con una mejor calidad en cualquier faceta del existir; van encaminadas a perpetuar la existencia mediante lo edificante, lo justo, lo noble y lo verdadero. El que construye una casa, el que ayuda a salvar una vida, el que cuida el bosque, el que todo lo hace pensando en que sus actos serán de provecho para los demás, el que enseña, el que capacita, el que transmite un conocimiento para el bien común…, todos ellos ennoblecen la vida.

Educar, transmitir cualquier tipo de conocimiento para bien de los demás, es una de las tareas nobles de la existencia. El ser humano hace su aparición en los escenarios del vivir falto de experiencia y sabiduría. Desde que nace empieza a saber y conocer, cada día trae experiencias con su caudal de nuevos conocimientos. Así, transitar por la vida es recorrer diversos campos del saber, la calidad y cantidad que se asimile es una decisión personal quizás limitada o extensamente ampliada por circunstancias familiares, económicas, sociales, políticas, etc. El devenir del conocimiento parte quizás desde nuestra estadía en el vientre materno, después vendrá la educación recibida en el hogar, y los inicios de la educación formal: el jardín de niños, la primaria, la secundaria, hasta arribar a la educación superior; paralelamente se va recibiendo conocimiento existencial para vivir con felicidad y soltura. Pero también se encuentran aquellos seres faltos de educación formal. Sólo adviene a ellos un cúmulo de experiencias vitales que les marca un determinado proceder en el existir, diríamos poco conocimiento teórico, pero quizás un valioso conocimiento vital, lo que les permite enfrentar cada día con plenitud; vale mencionar también aquellos que poseen poco o ningún conocimiento teórico-formal, y tampoco poseen un conocimiento vital de calidad, lo que hace su existencia muy pobre en todo sentido. Aunque residir con sabiduría, que es la prudencia en el vivir, finalmente es más una decisión personal basada en los valores del alma que en el conocimiento teórico formal o informal.

El ser humano necesita educarse, capacitarse, tener un nivel formativo y educativo mínimo de sí mismo y del entorno que lo rodea. Dos aspectos son esenciales en su formación para saber equilibrar la vida en todos sus niveles. El primero, es cultivar los valores del alma para llegar a ser una persona de bien. El segundo, es obtener conocimiento teórico y práctico sobre cualquier aspecto de la realidad para analizarla, investigarla, transformarla, etc.

Es necesario que el ser humano, en primer lugar, cultive los valores éticos, morales y espirituales. Que trabaje intensamente sobre sí mismo eliminando los defectos de carácter o personalidad (lujuria, ira, codicia, envidia, orgullo, pereza y gula) para enfrentar la vida sin resentimientos, odios, egoísmos ni apegos de ninguna clase; eso lo convertirá en un ser humano de bien y por ende todos sus actos estarán bajo la influencia de la nobleza, la caridad, la honestidad y todo aquel sentimiento que dignifique la vida construyendo así un verdadero convivir humanista.

En segundo lugar, en la medida de lo posible, debe cultivar su intelecto. Para ello iniciará estudios formales o no formales desde la escuela hasta la universidad. Este conocimiento, que engloba todas las ramas del saber, le proporcionará toda una serie de destrezas y habilidades que lo insertará en el engranaje funcional y productivo de la sociedad. El producto final de este saber serán los profesionales, técnicos, especialistas, personal de servicio, etc., en todas las áreas del conocimiento. El equilibrio justo en el ser humano será, entonces, un apropiado desarrollo del intelecto y un acertado cultivo de los valores eternos del alma.

La educación es el proceso por el cual el ser humano adquiere conocimientos, ya sea cultivando los valores del alma u obteniendo destrezas y habilidades de cualquier índole. Educar es formar a nivel de valores morales, éticos y espirituales; y asimismo capacitar a nivel teórico práctico sobre cualquier aspecto de la realidad. Para ello se requiere que el educador o facilitador tenga una sólida visión de mundo. En este caso la filosofía educativa debe concebirse de una forma integral que equilibre al ser humano en su búsqueda de conocimiento. Educar con valores es imprescindible en todo proceso formativo porque lo enseñado debe estar al servicio de los demás. El saber técnico debe estar al servicio del hombre en su búsqueda por una mejor calidad de vida. De lo contrario, se formarán profesionales faltos de valores espirituales que serán artífices de una larga cadena de injusticias.

La educación, siendo un proceso integral, debe estar basada en los más altos estándares de calidad para que provoque cambios conductuales positivos y humanistas en quien la recibe. Por lo tanto, la educación siempre debe ser un proceso que aborde lo importante y trascendente, enseñar lo que en verdad tenga valor. También, el proceso mismo de transmisión de conocimientos debe ser claro, detallado, específico, interesante, ameno, cautivante, para que motive e impacte positivamente hasta las últimas consecuencias a quien lo recibe, integrando de sea manera el nuevo saber a su entorno vital.

Partiendo de lo anterior, el facilitador debe ser un humanista, un filósofo, un motivador, debe manejar técnicas efectivas de comunicación (oral, escrita, uso apropiado de medios audiovisuales) ya sea que esté enseñando a infantes o a personas adultas. La andragogía, que es la educación de adultos, se caracteriza porque está encaminada a satisfacer las necesidades formativas que el alumno desea, tomando en cuenta la experiencia que éste pueda tener sobre el tema en cuestión. El facilitador, en este caso, deberá establecer una relación muy estrecha con sus estudiantes para poder satisfacer sus necesidades. Orientarlos, señalarles posibles alternativas para la adquisición más precisa del saber, mediante una relación humanista y amena, es su tarea esencial.

Un facilitador que no esté hondamente interesado en el bienestar de sus alumnos, habrá fracasado en su misión formativa. Es inadmisible, desde todas las perspectivas posibles, que el facilitador trate de una forma inapropiada, mediante malos tratos, insultos y humillaciones, a sus alumnos. Al contrario, deberá tratarlos con un amor tan grande como el universo mismo, porque enseñar es edificar, es construir, y eso sólo es posible mediante el bienestar, la plenitud y la satisfacción producida por lo mejor que existe en el ser humano.

Educar es una tarea perenne en la vida. Educa el padre al hijo inculcándole valores; educa la madre con su ejemplo de amor; educa el maestro; educa la hermana al hermano en la búsqueda de la convivencia familiar; educa el amigo al amigo cuando lo orienta hacia el bien y el correcto proceder. Todos somos educadores en algún momento de nuestra existencia. Educar es llevar de la mano, es orientar, es guiar, es iluminar, en el sendero de la felicidad, a los que nos acompañan en este corto y hermoso paseo que es el vivir.

Publicado en el diario La Tribuna el 15 de noviembre de 2009

2 Comentarios

  1. Emerson CarrascoNo Gravatar dijo:

    El ensayo anterior es una notable muestra del buen desempeño del licenciado como educador de la vida. Por ende siendo un ser altamente capacitada en la instrucción e iluminación para alcanzar la felicidad y la plenitud de reposo.

    Mayo 20, 2016
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  2. Emerson CarrascoNo Gravatar dijo:

    Es increíble y de una forma proporcionalmente amplia el sentido en el cual se desarrolla el escrito, llevando a la comprensión de lo que realmente es tener una existencia de calidad. alcanzando valores metódicamente profesionales.

    Mayo 20, 2016
    Responder

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