A la Sombra del Loto

loto4Escribí A la Sombra del Loto porque deseaba poder rendir tributo a la visión de la vida que poseen los orientales; mi gusto por los relatos chinos y japoneses se impuso en la elaboración de estos cuentos. Así pude compartir en la alameda del enigma, junto a los escritores orientales de antaño, reflexiones sobre la plenitud en la existencia y el temor que se ha vuelto un culto para enfrentar el otro lado de la vida. Posteriormente incluí este libro, con pequeños cambios, en la antología de mis cuentos completos, Pretextos para la Eternidad, en 1998. En 2009 publiqué la edición definitiva.
Algunas apreciaciones sobre “A la Sombra del Loto”
  
El extraño encanto de este libro

Nery Alexis Gaitán es un caso poco usual en la narrativa hondureña. Inicialmente inclinado hacia la narrativa de anticipación, en donde la fantasía puede manejarse sin limitación alguna, ahora explora en este libro lo que parece ser un quiebre en su vena narrativa. Ahora nos sorprende con la intencionalidad que lo suyo, alejado de las realidades hondureñas, se encamina por los extraños caminos de las influencias orientales. Y en todas las historias de este libro, se tiene la impresión, porque en el fondo no es más que juego en que el autor pretende engañarnos presentándonos narraciones japonesas o chinas, cuando en realidad está contando historias fantásticas, propias de la literatura de anticipación, a las cuales, sin ninguna dificultad podemos transformar tan sólo con cambiarles los nombres y prescindir de las flores de loto, los lagos y los dragones.
Gaitán no es un escritor que se interese en desfigurar la realidad para presentarnos, como casi siempre ocurre en otros autores, una realidad caricaturizada o relativamente dislocada. Por el contrario, inventa una realidad nueva, muy sutil, hecha no con pedazos de la realidad conocida, sino que construyéndola con las temáticas eternas de las narrativas humanas y atrapándolas en una botella de vidrio, en donde sus personajes concluyen arrinconados en la inevitable carrera hacia la muerte, girando en sueños circulares infinitos; o convertidos en víctimas de dioses iracundos.
Aunque en un libro de cuentos no siempre los autores logran conseguir unidad en el tema y en la forma, Gaitán ha conseguido crear en este libro, una atmósfera particular unificadora en la que cada una de las historias es una especie de peldaño por donde nos lleva ¾sin prisa y sin venganzas¾ hasta lograr el sentimiento que la vida no es más que un sueño, en donde todos los seres humanos estamos condenados a sufrir la muerte. E incluso a ¾buscarla¾, mientras huimos de sus señales y misterios.
Las historias son sencillas. Casi todas son las mismas. Los personajes vacilan, escogen y se equivocan. Nunca aciertan. Pagando con la vida o con el permanente circular en un tiempo sin fin. Al final de la mayoría de estas breves historias, el autor incluye una moraleja en donde -aparentemente- convertido en un narrador que todo lo sabe, nos da lecciones sobre la vida, ejemplos útiles para conducirnos con los demás y reglas falaces para buscar la felicidad. Los personajes, sencillos, de poca complejidad en sus afanes, no tienen sino pocos deseos. Apenas una pregunta, una solución o un simple deseo de atrapar al ser amado. Por eso es que carecen de espiritualidad y en razón de lo cual -como muy bien lo dice Gaitán-, uno sabe que sus historias tienen muy poco que ver con el oriente y que, como en otros de sus libros lo que trata es de convencernos de la irrealidad de lo real y de lo fútil de lo tangible. Así, el “cuento” de lo oriental, desaparece fácilmente y uno se queda más bien, con el narrador de siempre que, animado por Borges, vuelve de nuevo a hacer girar todas sus historias en el espejo del tiempo, única realidad que por cambiante, puede ser materia eterna del trabajo literario.
No son personajes felices los de estos cuentos. No pueden serlo. La falta de espiritualidad definida y, fundamentalmente, el hecho que no tienen un horizonte amplio que los anime a la trascendencia, no pueden conseguirla. Cuando piden la felicidad -no están preparados para recibirla (Swan)-. Aparentemente, están más cómodos en los brazos de la muerte. Y aquí, contradictoriamente, se realizan como personas pequeñas, reducidas al tamaño de sus disminuidos deseos y aspiraciones. “Y con una confianza plena se aferró a ese infinito lleno de voluptuosidad, de honor, de coraje… obteniendo la iluminación de la dicha (El Camino del Guerrero).
El mundo de los personajes “disminuidos” de Gaitán, es un mundo helado, gobernado por dioses, igualmente pequeños. Por ello son vengativos y hasta mezquinos cuando premian e incluso cuando castigan (Aventura en el Lago). Por ello, lo único real y existente además del tiempo, es el dolor. Incluso cuando se aproximan a algunas formas de placer, éste no es más que una anticipación de aquél, especialmente si se trata de un espíritu sensible que se haya escapado a la vengativa maldición de los dioses mezquinos que pululan en los cuentos de Gaitán. Dioses que pueden ser magnánimos en un momento, para dejar de serlo en otro, sin ninguna razón.
Una realidad, absolutamente creada a partir de la imaginación del autor, en donde hay poco que vincular con la realidad cotidiana que nos toca enfrentar a los lectores. Excepto que, como parece ser la intención de Gaitán, nos introduzcamos en el interior de los cuentos maravillosos y renegando del narrador, los reconstruyamos, llenándolos de nuestras ansiedades, cambiándoles el nombre a los personajes y volviéndolos amigos, mediante una humanización de mayor intensidad.
Este es el encanto de este pequeño libro de cuentos. La oportunidad de pasar de lo que es literatura fantástica, de anticipación pura, a historias cotidianas y hablar con los amigos y para sacar lecciones útiles para la vida.
Tegucigalpa, 19 de julio de 1996.
Juan Ramón Martínez

Es un libro de bien logrado sabor oriental. Temas, atmósfera, personajes y estilo son las instancias desde las cuales el autor alcanza su propósito estético, caracterizado por interés en formular -mediante una anécdota muy simple- una propuesta metafísica impregnada de tópicos a los que es proclive la filosofía oriental.
Helen Umaña

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