La forma correcta

Existe una forma correcta de vivir. Los valores eternos del alma son la brújula que siempre señala hacia el norte de la verdad. Vivir con calidad implica vivir con la verdad palpitando en el corazón. Vivir correctamente implica pensar lo correcto, sentir lo correcto y hacer lo correcto, que es el compendio de la más alta manifestación del amor.

La forma correcta de vivir implica ser justo, honesto, sincero, leal, caritativo… Aunque cada cabeza es un mundo y cada quien tiene su forma de ver las cosas y de vivir a su manera, los principios éticos, morales y espirituales  son los mismos e implican vivir sin hacerle daño a los demás y servir al necesitado hasta donde sea posible.

La búsqueda de la forma correcta de vivir significa que debemos ser buenos hijos, buenos padres, esposos fieles, trabajadores honestos y ciudadanos de bien. Cualquiera que sea el rol que nos toque vivir debemos desempeñarlo con honestidad, sinceridad, humildad y amor, actuando de la forma adecuada tomando en cuenta los altos valores que dignifican la vida.

Vivir correctamente significa que se es una persona digna, ética y humanista, que en toda circunstancia hará lo necesario para que prevalezca la justicia y la verdad. Enarbolar, cada día, los valores morales y espirituales es la norma de las personas de bien.

Siempre hay una forma correcta de vivir. Siempre hay una forma correcta de hacer las cosas. Busquemos la forma correcta de vivir. Escudriñemos la forma correcta de hacer las cosas en todas nuestras acciones.

Desterremos de nuestra alma el mal proceder y la deshonestidad. Eliminemos de nuestra alma la envidia, el orgullo, el amor desmedido hacia el dinero y las cosas del mundo; por eso el Libro de los Libros sentencia que “el amor al dinero es el origen de todos los males”.

Esforcémonos por buscar los verdaderos valores, dejemos atrás la maldad y volvamos nuestros corazones hacia lo noble y lo bello y valoremos la vida humana.
Dejemos atrás la mediocridad, la maledicencia, la burla, el escarnio y tratemos a los demás como a nosotros nos gustaría que nos trataran. Hasta donde tengo conocimiento los Diez Mandamientos todavía están vigentes, incluso el Rabí de Galilea dictó uno más: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, sigamos estos preceptos y así volveremos a tratarnos como humanos que somos.

Es urgente buscar la forma correcta de vivir, que está basada en los valores del alma, para dejar atrás el torrente de maldad, odio, corrupción y crimen que tiene a Honduras a la deriva.

Es urgente retomar la verdad como emblema de vida, así haremos la diferencia.

La verdad como forma de vida

La verdad es expresar lo correcto, lo honesto, lo justo, lo que concuerda expresamente con hechos o situaciones. La verdad es la expresión correcta del alma, evidencia plena de los altos valores del espíritu. La verdad es la expresión de la más alta calidad de vida posible.

Estar en comunión con la verdad es la única forma correcta de existir en los parámetros de la vida que resume justicia. Vivir con la verdad es la única opción que establecen todos los principios espirituales para lograr la evolución espiritual. La verdad es el único requisito permitido en los terrenos de la misericordia, la caridad, la bienaventuranza y el amor.

El que dice la verdad es un ser honesto, sincero, leal, confiable. El que habla con la verdad es un ser humano de una inmensa valía en las arcas de la vida. El que manifiesta la verdad es ético, sincero y honesto. La verdad hace trascender al ser humano; es el pasaporte a la inmortalidad.

El que expresa la verdad siempre hará lo correcto, lo adecuado, lo justo, lo misericordioso; todos sus actos implican y demuestran amor sin límites. El que habla la verdad es un ser humano digno porque todos sus actos son correctos hasta las últimas consecuencias.

Vivir con la verdad es lo más valioso que existe. La verdad debe instaurarse como forma de vida; de nuestra boca sólo deben salir palabras que edifiquen la verdad porque “de la riqueza del corazón habla la boca”. Se debe rendir culto a la verdad. Se debe ser abanderado de la verdad porque sólo de esa forma nos convertimos en ser humanos dignos; no hay otra forma, ni otro medio.

Enseñar el culto y el amor por la verdad es primordial en nuestra sociedad que está invadida por valores degradados. Aquí todo mundo miente, roba, engaña y se ufana de ello.  Es necesario recetar una dosis de verdad diaria a gobernantes, políticos, diputados, maestros, taxistas…, porque se ha perdido la moral, la sinceridad y la honestidad.

Entre nosotros, la verdad está desterrada de la vida cotidiana. Nadie ama la verdad, nadie quiere la verdad porque ella acarrea sinceridad, honestidad, recto vivir. Por eso estamos como estamos. A nadie le interesa el bienestar de los demás. A los gobernantes no les interesa mejorar la vida de los pobres; a los maestros no les interesa brindar una educación de calidad; a los médicos no les importa la vida de sus pacientes, sólo el dinero que puedan ganar, ir a un hospital público es la experiencia más horrorosa que pueda haber; etc., etc.

Los hondureños no amamos la verdad; aquí la deshonestidad se pasea por todos los lugares y domina el corazón de los hombres y mujeres. Los grupos de poder, deshonestos, crueles, mezquinos, plagados de corrupción, tienen a Honduras en la bancarrota.

Los ciudadanos honestos, sinceros, de buen proceder, escasean en esta sociedad plagada de deshonestidad, odio y mentiras. Por todo lado encontramos personas deshonestas, sin principios morales.

Es urgente retomar los valores éticos, morales y espirituales como guía en la vida. Es necesario enseñar el culto a la verdad a las nuevas generaciones. Es inaplazable hacer un alto en la existencia y reflexionar sobre la calidad de vida que estamos viviendo.

Es urgente, necesario y vital inculcar el culto a la verdad y enfilar nuestra vida hacia la sinceridad, el bien, la honestidad y el correcto proceder. Es la única forma de vivir verdaderamente como seres humanos que somos.

Publicado en Diario Tiempo el 4 de Octubre de 2011

Libros de ensayos publicados en España

A continuación se detallan siete libros de ensayos publicados en España. El lector puede comprarlos en físico, en papel o en formato PDF, se detallan los enlaces donde puede obtenerlos.

http://www.bubok.es/comprar/El-Cuento-Psicologico-en-Honduras-un-estudio-sobre-la-obra-de-Santos-Juarez-Fiallos/id=202408.

http://www.bubok.es/comprar/Origen-del-Cuento-en-Honduras/id=202438.

http://www.bubok.es/comprar/El-Delirio-de-Contar-entrevistas-a-narradores-hondurenos/id=202426.

http://www.bubok.es/comprar/La-Poesia-Neoclasica-en-Honduras/id=202453.

http://www.bubok.es/comprar/Fragmentos-de-Vida/id=202471.

http://www.bubok.es/comprar/La-Vida-en-Crisis/id=202490.

http://www.bubok.es/comprar/El-Presentador-Excepcional/id=202460.

“Ese hombre es mío”

El diccionario de la Real Academia Española define mediocre como “de calidad media, de poco mérito, tirando a malo”. O sea que la mediocridad es la expresión inmediata de lo que se hace sin calidad, de lo simple, lo malo, lo ridículo, lo estúpido, que no tiene valor alguno.

La mediocridad, para desgracia de muchos, impera en todas las esferas de la vida. Mediocres hay hasta en la sopa. Sin importar dónde miremos, lo seguro es que vamos a encontrar a más de un mediocre, y en honor a la verdad, son muchos los que vamos a ver; siempre el entorno rebosa de mediocres que existen en todos los tamaños, sabores y colores.

El mediocre está enemistado totalmente con lo bueno, con lo excelso, con lo bello, con la calidad en todas sus formas. No le interesa ni cultiva lo noble, lo hermoso, lo humano en su mejor expresión. Al mediocre sólo le atrae lo facilón, lo simple, lo burdo, piensa solamente tonteras, imbecilidades, torpezas; los sentimientos del mediocre son superficiales, de poca monta, mezquinos.

El mediocre nunca enfila el rumbo de su vida hacia la prosperidad y el bienestar; todo en él o ella es desinterés, indiferencia, desgano, pereza. Para los mediocres, la mediocridad es la medida de todas las cosas.

En esta sociedad de consumo el cultivo de la mediocridad es un propósito fundamental. Así el ciudadano no cuestiona absolutamente nada y se conforma con las migajas que le ofrecen en todos los ámbitos de la vida. Los medios de comunicación masiva, en su agenda mediática, recalcan, reafirman e imponen la mediocridad como un sistema normal de vida.

Así miramos que la Coca Cola es “la chispa de la vida”. Que hay que andar a la moda, comer pizzas, hamburguesas y usar el perfume que avasalla a los hombres o a las mujeres, según sea el caso. El consumismo barato despersonaliza y la identidad personal y colectiva se pierde. De esa forma los pueblos son más manejables por quienes los dirigen con propósitos e intereses económicos y políticos que atentan contra la vida misma. Su finalidad es sojuzgar y someter a toda costa a las sociedades.

En Honduras no somos la excepción y aquí le rendimos culto a la mediocridad e importamos patrones de conducta degradantes. Ya no queremos pensar ni analizar nada. Miremos la televisión nacional por un momento y se harán evidentes los patrones importados llenos de mediocridad hasta la médula.

Los programas televisivos son un embutido de mediocridad y torpeza infinitas. Los consabidos “talk shows” son un ejemplo de los valores degradados que han invadido a las personas, donde éstas, sin ningún pudor, van a exponer sus situaciones más íntimas con una vulgaridad extrema. Como aquí por lo general sólo imitamos lo malo y no lo bueno, ya vemos programas de mujeres que se sientan a hablar, y lo único que sale de sus bocas son imbecilidades hasta más no poder. Interesante fuera que dieran evidencias de que son inteligentes y abordaran temas de trascendencia nacional, pero pedir eso es algo más que imposible.

Repitiendo la estupidez y la mediocridad propia de los gringos, ha aparecido un “reality show” por Canal 11 que se llama “Ese hombre es mío”, en donde unas mujeres se pelean, se jalan de las greñas, lloran y se lamentan porque quieren quedarse con el “hermoso” galán; todo bajo un ambiente y situaciones de una chocante estupidez, al mejor estilo de los programas degenerados de Hollywood. ¡Habráse visto semejante mediocridad!

¿Hasta cuándo los hondureños dejaremos atrás la pequeñez, la insignificancia, la vulgaridad, la mediocridad y nos dedicaremos a cultivar los verdaderos valores del alma que son la brújula de una vida de calidad?

Es tiempo de que combatamos hasta las últimas consecuencias los valores degradados y nos dediquemos a vivir tal como lo dictan los preceptos divinos, una vida de la mayor calidad posible. Cultivemos la nobleza, lo bello, el amor en todas sus formas porque es lo único valioso en toda la existencia. Aprendamos a pensar y sentir con calidad para que así nuestras vidas sean un culto a lo noble y trascendente tal como debe ser. ¡Ah, y si es inteligente, mejor apague el televisor y encienda un libro!

La eliminación del pecado

La Biblia es clara al respecto, sólo hay una única tarea que el hombre debe realizar: Salvar su alma. Porque “de qué le sirve al hombre ganar el mundo si pierde su alma”. Al perder el alma se ha perdido todo, incluyendo la vida eterna, el don más preciado que el ser divino nos puede ofrecer. Así se concluye que lo único que deben hacer las mujeres y los hombres, a lo largo de sus días, es rescatar su alma y no dejar que se contamine por el pecado.

Para salvar el alma es imprescindible eliminar la deshonestidad, la maldad, el odio, en todas sus formas. El pecado es la transgresión de la ley divina. El pecado es el error; es la maldad manifestándose en los actos de la vida. El hombre se entrega al pecado porque esa es su decisión basada en el libre albedrío que posee; el hombre decide pecar porque ha perdido sus valores éticos, morales y espirituales.

El pecado se ha fortificado por las malas acciones; el pecado domina completamente el proceder del hombre. El pecado vive en la psiquis  humana y hace que se piense, se sienta y se actúe a su conveniencia. Por ejemplo, si se enfrenta un evento de ira, el hombre o la mujer piensa con ira, sus sentimientos son iracundos y sus actos estarán gobernados por la ira misma.

Es imprescindible comprender que la lucha es contra uno mismo en la eliminación del pecado; que éste ya gobierna nuestra alma y que por lo tanto hay que liberarla con paciencia estableciendo toda una didáctica concreta de eliminación del pecado.

La Biblia señala con propiedad los pecados capitales, que son siete, y que debemos eliminarlos radicalmente de nuestra alma: lujuria, ira, codicia, envidia, orgullo, pereza y gula. No hay quien no los tenga, todos somos portadores de esta carga de maldad. De nada sirve pensar que se es “salvo”, y que Cristo “murió por nuestros pecados”, si tenemos el alma negra por nuestro proceder equivocado.

Eliminar el pecado es la tarea fundamental, es la única labor, es el único propósito de vida real que el ser humano tiene por delante; todo lo demás sólo es una pérdida terrible de tiempo y de vida. Para eliminar el pecado el hombre tiene que andar en una auto-observación constante de sí mismo.

Hay que andar pendiente de lo que se piensa, se siente y hace, porque ahí es donde se manifiesta el pecado. Si andamos pendientes de nosotros mismos podemos darnos cuenta de los pecados que se están manifestando y ahí mismo debemos pedirle a Dios la desintegración del error que se está presentando.

Así es como funciona el proceso de la eliminación del pecado: andar pendiente de sí mismos para pedirle a Dios que lo elimine en el instante que se manifiesta. Si andamos dormidos, si no estamos conscientes de nuestros procesos interiores, jamás eliminaremos el pecado, jamás liberaremos nuestra alma y sólo nos espera la muerte segunda.

El único camino para encontrar a Dios, y rescatar el alma, es eliminar el pecado de momento en momento; es decir, cada vez que se manifieste en nuestros pensamientos, nuestros sentimientos o nuestros actos. No hay otra forma. Es el único sendero, la única vía, la única ruta hacia la vida eterna.

Eliminar el pecado debe ser la única finalidad en la vida de todo aquel que anhela avanzar en el terreno espiritual. Ser bueno, generoso y caritativo es el inicio del transitar hacia Dios. Eliminar el pecado es lo que Dios desea que hagamos.

Las iglesias deberían tener como propósito fundamental enseñar a los feligreses cómo eliminar el pecado para encontrar a Dios. Desafortunadamente, estas organizaciones se han convertido en centros de recolección de diezmos y nada más; su único propósito es atesorar bienes materiales y no espirituales.

Es momento de que entendamos que sólo mediante el trabajo sobre sí mismos, eliminando el pecado, encontraremos a Dios. No sigamos perdiendo el tiempo y dediquémonos a rescatar nuestra alma como debe ser. Eso es lo único que le interesa a Dios que hagamos. Eliminemos el pecado sin cesar y los frutos del goce divino serán una realidad en nuestra vida.

Publicado en Diario Tiempo el 8 de marzo de 2011

Diezmos y primicias

En la actualidad, los diezmos y primicias se han se han convertido en el tema central de las iglesias. Todo es diezmo, primicia, ofrenda, sembrar, probar al Eterno, dar dinero para que Él dé más. Todo es capital, “bendiciones”, satisfacciones monetarias, el carro, la casa y los demás placeres que otorga la fortuna. En las iglesias, el flujo de dinero, es decir, el flujo de diezmos y primicias es lo importante, lo primordial, lo único que cuenta. Así los feligreses serán felices por toda una eternidad.

Las iglesias, a cualquier costa, le hacen creer a los feligreses que es requisito indispensable para la salvación, dar dinero a la iglesia. Que deben ofrendar para obtener bienes materiales en abundancia; que deben “sembrar” en la iglesia por toda cosa que deseen, una casa, salud para un hijo, un trabajo o cualquier escasez que tengan. Hay que dar dinero para que Dios cubra las necesidades. Ese es el camino, el requisito vital, a Dios sólo lo mueve el sonido del dinero cuando cae en las arcas de la iglesia; así dará todo lo que los feligreses deseen.

Hacer diezmar y ofrendar sin cesar es la consigna. Para ello los pastores, sacerdotes, guías espirituales, están bien entrenados. Su discurso es persuasivo, apremiante, apocalíptico, según sea el caso y la idiosincrasia de los feligreses. En las grandes iglesias el discurso es más elaborado, más preciso, manipulador hasta extremos inimaginables. En las iglesias pequeñas se amenaza con el infierno interminable. En todos lados el mensaje tiene el mismo fin: sacarle dinero a los incautos en nombre de Dios.

Para ganar el cielo hay que pagar, todo tiene un valor, la fe tiene un precio. El cielo es la recompensa de los que diezmaron constantemente. Es indispensable hacer pactos de dinero con Dios.

Hay que probar a Dios, a ver si es cierto que da prosperidad económica, porque ésa es la única que cuenta. Hay que “sembrar” en la iglesia todo lo que se pueda; hay que llevar un carro, la refrigeradora, un juego de sala, porque Dios dará el ciento por uno de todo lo que se diezme y ofrende. Dios es un banquero formidable.

Y así, con cualquier estrategia perversa, las iglesias, de espaldas a Dios, esquilman a los feligreses y les roban constantemente.

Diezmos y primicias significa que Dios es primero; y tiene una parte económica, que es la menos importante, y otra espiritual, que es la real. Dios es sinónimo de valores y dones del alma. El diezmo implica por un lado poner a Dios de primero en todos los actos guardando su ley; y por otro, referente a lo económico, que debemos ser generosos y caritativos con nuestros semejantes.

Diezmar, en la parte económica, significa hacer caridad de mano a mano, y no dar tontamente dinero a la iglesia; Dios califica nuestros actos cuando de nuestro corazón surge el sentimiento de hacer caridad y la realizamos, ese es el verdadero diezmo. Si vamos a una iglesia podemos dar un poco para su mantenimiento, eso es lícito, pero no significa que vamos a dar una cantidad de dinero a la iglesia y no vamos a hacer caridad consciente. Dar dinero a la iglesia no salva a nadie; tampoco abona mucho en el terreno espiritual.

Lo económico, aunque es necesario y debemos hacer caridad, no es lo primordial del mensaje espiritual. Lo principal es eliminar el pecado de nuestra alma; eso es lo que cuenta para Dios.

El verdadero mensaje espiritual no tiene que ver con el dinero. Tiene que ver con la eliminación de los pecados de nuestra alma, los cuales se pagan con buenas acciones y no con dinero. La modificación de nuestra conducta hacia el bien es lo único real. Debemos eliminar los siete pecados capitales (lujuria, ira, codicia, envidia, orgullo, pereza y gula) de nuestro ser, con la ayuda divina, y todo lo demás vendrá por añadidura.

Dios es justo y misericordioso y conoce nuestro corazón. Al que hace caridad, Dios lo recompensa con bienes materiales. Pero, y esto es lo importante, el que trabaja sobre sí mismo y elimina el pecado, Dios lo recompensa con bienes espirituales, los que nunca mueren. Esto es lo que Dios desea que hagamos, este es el verdadero mensaje espiritual porque el hombre, dice la Biblia, sólo tiene una tarea que realizar: Salvar su alma; y para ello hay que eliminar el pecado, pidiéndole constantemente al Eterno que lo elimine en el momento que se manifiesta en nuestros pensamientos, sentimientos o nuestros actos.

No sigamos siendo víctimas de estas iglesias malvadas. Rechacemos a estos “pastores”, “apóstoles”, “profetas” o como se quieran llamar, porque son unos ladrones, pícaros y sinvergüenzas. Dios no quiere nuestro dinero, quiere que eliminemos el pecado y que hagamos el bien a los demás.

Rechacemos estos falsos mensajes espirituales y cumplamos la ley divina rescatando nuestra alma, que al final de cuentas, es lo único verdadero.

Publicado en Diario Tiempo el jueves 10 de febrero de 2011.

Los falsos feligreses

 

Feligrés es toda persona que se congrega en una iglesia. Es toda persona que siente inquietudes espirituales y busca acrecentar los bienes del alma a través de una instrucción adecuada a los preceptos religiosos establecidos por el Creador del universo y la vida.

El feligrés busca mejorar su relación con Dios en todos los aspectos de la existencia. Al asistir a una iglesia está evidenciando su deseo de acrecentar sus valores éticos, morales y espirituales. El feligrés desea y lucha tesoneramente por ser un buen hijo, un buen padre, un buen amigo, un buen trabajador y un ciudadano sincero y honesto en todo su proceder.

Un buen feligrés busca dejar atrás su vida equivocada, en caso de que haya andado rodando por el mundo del pecado, y desea construir una nueva vida de rectitud, honestidad, generosidad y bienestar, para él y las personas que lo rodean.

Un buen feligrés ingresa a un proceso de cambio interior urgido por su conciencia, y con la ayuda divina; es decir, si llegó a la iglesia siendo un ladrón entonces deja de robar de una vez y para siempre; lo mismo si llegó siendo avaro, mentiroso, egoísta, chismoso, etc., eliminará estos pecados de su alma y será una nueva persona con Cristo Jesús en su corazón. En esta nueva vida busca los valores espirituales y no del mundo, porque ha comprendido que lo único valioso en la existencia es rescatar el alma del pecado en que está sumergida.

Un buen feligrés es, en pocas palabras, un verdadero ejemplo de honestidad, sinceridad, generosidad y bondad ilimitadas. Dios vive en su corazón y hace el bien siempre, sin importar lo que digan los demás porque sabe que nunca quedará bien con el mundo y sus pecados. Un auténtico feligrés ha comprendido que lo único que cuenta es honrar a Dios y sus preceptos.

Desafortunadamente, las iglesias están llenas de falsos feligreses. Personas que se congregan en una iglesia, y lo menos que les importa es acrecentar sus bienes espirituales. Hay que recordar que el único objetivo de las iglesias es acercar el hombre a Dios a través de un correcto mensaje espiritual en el cual se haga énfasis en rescatar el alma del pecado.

Estos falsos feligreses son cúmulos de avaricia, envidia, maledicencia, chismografía, orgullo, vanidad, etc., etc. En ningún momento les interesa rescatar su alma del pecado. Todos sus actos son un culto a la perversidad en todas sus formas. Tienen la hipocresía enraizada en el alma. El engaño está presente en todos sus actos; se engañan a sí mismos y en alguna medida engañan a los demás, pero nunca a Dios porque Él conoce nuestros corazones.

Estos perversos van a la iglesia y no cambian nunca su mal proceder. Más les valiera no haber conocido nunca de Dios y su palabra porque el castigo que les espera es terrible. Aquí se da un binomio de maldad: el falso mensaje de las iglesias y los falsos feligreses.

Las iglesias, en gran medida, son responsables de este binomio de perversidad por no formar a los feligreses tal como debe ser; nunca les enseñan una didáctica concreta para la eliminación del pecado porque lo único que les interesa a los “guías espirituales” es acumular dinero. El mensaje, falto de espiritualidad, da como resultado hipócritas espirituales. Es muy común oír a estos falsos feligreses repetir constantemente: “la palabra de Dios dice esto”, “la palabra de Dios dice lo otro”, pero sólo son expresiones vacías y nunca sus actos tienen relación con lo que profesan.

Estos falsos feligreses, al hacer uso del libre albedrío, deciden rendirle culto al mundo y no a Dios. Lo mismo que a los líderes religiosos, sólo les interesa acumular dinero; llegan a las iglesias con el único propósito de mejorar económicamente y no por rescatar los verdaderos valores espirituales. Para ellos Dios es sólo un banquero. Lo conciben así por su avaricia y reforzados por el falso mensaje que constantemente escuchan de sus guías religiosos que piden dinero para todo y les hacen creer que Dios les pagará al ciento por uno.

Es hora de que se busque una verdadera espiritualidad que esté centrada en la eliminación del pecado y en la transformación interior de los feligreses. Es hora de luchar por rescatar los verdaderos valores del alma. De lo contrario todo estará perdido y seguiremos viviendo en este mundo de pecado y maldad.

El verdadero feligrés ama a Dios y su justicia por sobre todas las cosas. Sigamos este ejemplo.

Publicado en Diario Tiempo el 4 de enero de 2011

De iglesias, brujos y agoreros

 

La sociedad hondureña, y toda la humanidad en general, se han precipitado a un abismo de pérdida de valores de una forma alarmante. Los bienes del alma importan poco. Valores como la sinceridad, la honestidad, la honradez, la fidelidad, sólo son palabras sin sentido que se desechan así como el sobrante en los banquetes del rico.

Por donde quiera que se dirijan nuestros pasos, encontramos hipocresía, chismes, maledicencia, deshonestidad, adulterios, latrocinio y todo aquello que los seres humanos sin valores se aprestan a realizar sin importarles el daño que ocasionan a los demás. Esta humanidad se ha entregado a cultivar la maldad de todas las formas habidas y por haber. A nadie le importa hacer lo correcto y vivir una vida justa y con valores. Es difícil generalizar, pero esa es la terrible verdad de esta humanidad decadente y degenerada.

En la sociedad hondureña la pérdida de valores la evidenciamos a diario. Delincuencia, crimen organizado, narcotráfico, deshonestidad en todas sus formas, están a la orden del día. Personas con el alma negra pululan por doquier, en el trabajo, en las organizaciones políticas, sindicales, gremiales, en las iglesias, etc. Parece que la hipocresía y la sinvergüenzada son los únicos horizontes posibles.

Las organizaciones religiosas, que deberían ser la cara limpia de la sociedad, sin excepción alguna se han adscrito al cartel de la deshonestidad. Las iglesias han cambiado el verdadero mensaje de la salvación, que consiste en eliminar el pecado del alma humana, y se han dedicado en exclusividad a la obtención de bienes materiales a costa de lo que sea. Leamos parte de un editorial de nuestro periódico; en Honduras: “La presente administración creó el comisionado presidencial de Religión y Culto, con rango de secretario de Estado, que es también un cargo público inconstitucional, cuya misión, por lo que se ve, es buscar financiamiento estatal para las iglesias. Asimismo, el actual Congreso Nacional aprobó la Ley Marco de la Iglesia Evangélica Nacional, igualmente inconstitucional, mediante la que se exonera a las iglesias evangélicas del pago de impuestos, tasas y sobretasas, como el impuesto sobre la renta, el impuesto sobre ventas, el impuesto de tradición, y se permite a los ministros protestantes optar a cargos públicos y a presentar sus candidaturas a cargos de elección popular. El Congreso Nacional de 1990, en la administración Callejas Romero (N), aprobó similares exoneraciones fiscales para la iglesia católica. Ahora el comisionado presidencial de Religión y Culto aboga porque el Estado conceda a otras iglesias neo-pentecostales y mormonas los mismos privilegios”; para muestra un botón.

La desfachatez de las iglesias ha llegado a tanto, que casi obligan a sus feligreses a diezmar y dar todo el dinero posible para, sus dirigentes, llenarse los bolsillos y darse la gran vida a costa de los ingenuos. En otros artículos hemos explicado que el diezmo está relacionado con la caridad hacia nuestros semejantes y no en dar dinero a la iglesia, porque eso sólo es una torpeza y no hay ningún mérito espiritual en dar dinero a estos pícaros.

Ahora las iglesias son un perfecto ejemplo de los valores degradados. El mensaje espiritual correcto y la búsqueda del cambio interior de sus feligreses para buscar a Dios, no existen. Lo que sí existe es pedir dinero para todo: diezmo, primicias, ofrendas, pactos, etc. Hay iglesias que venden ungüentos, aceites, mantos, para encontrar a Dios, porque en sus recintos todo tiene un valor monetario, Dios es un banquero que da prosperidad si previamente se le da dinero.

Las iglesias ahora difieren poco de los brujos y agoreros ya que tienen el mismo propósito: sacarle el dinero a los incautos. Los brujos apelan a la magia negra, hacen hechizos, amarres, conjuros y el cliente termina pagando; lo mismo los agoreros, invocan al Señor Oscuro, hacen predicciones, profetizan, conjuran y el cliente paga los honorarios. Las iglesias, por su parte, hacen conjuros, pactos de dinero, profetizan, y el feligrés termina pagando; aunque mencionan a Dios, la verdad es que le rinden culto al Rey de la Mentira y sus secuaces, así lo dicen sus hechos.

Iglesia, brujo, agorero, hechicero, se han convertido en lo mismo: sinónimos de engaño y maldad.

No permitamos que estos pícaros, perversos, malvados, deshonestos y villanos, nos sigan engañando con falsos mensajes espirituales. No creamos en sus mentiras que sólo conducen a la muerte segunda y al crujir de dientes. Dios no es banquero, no necesita dinero. Lo que Dios desea es que cambiemos nuestra forma de pensar, de sentir y de actuar conforme a sus preceptos.

Repudiemos a los pícaros y busquemos una verdadera transformación en nuestras vidas eliminando los pecados de nuestra alma, que es lo único que cuenta, es lo que a Dios verdaderamente le interesa.

Publicado en Diario Tiempo el 23 de enero de 2011

Las iglesias y su falso mensaje

 

Las iglesias deben ser instituciones que tienen como único fin primordial transmitir el mensaje divino que lleva a la salvación de las almas, para poder disfrutar de la vida eterna en gracia y felicidad absoluta. A Dios, sólo le interesa que acrecentemos los valores espirituales porque son los que nunca mueren.

Las iglesias, al transmitir el mensaje de paz, hermandad y amor incondicional del Ser Divino, deberían ser un digno ejemplo de las bondades y bienaventuranzas que pregonan a los cuatro vientos. En las iglesias se debiera encontrar amor, generosidad, hermandad, buenos deseos, misericordia, generosidad y bienestar en todas sus formas hacia sus feligreses y hacia todo ser humano aunque no forme parte de sus creencias, porque eso es el amor verdadero, que no distingue credos ni razas y es todo bondad.

Las iglesias deberían ayudar al prójimo en todas las formas habidas y por haber; sobre todo, deberían hacer grandes obras de carácter social, y todo el dinero acumulado lo deberían de distribuir entre los necesitados. Al fin y al cabo, el dinero no es importante en los caminos del Señor.

Las iglesias deberían de formar parte activa en la lucha por recobrar los valores espirituales, éticos y morales que se han perdido en la actualidad. Con su ejemplo de honradez y honestidad deberían crear conciencia por la búsqueda de los auténticos valores de la existencia.

El verdadero mensaje de las iglesias debe estar orientado a cumplir la Ley Divina en todos sus preceptos. Asimismo en orientar al feligrés para que trabaje sobre sí mismo, y con ayuda divina pidiéndole constantemente a Dios, elimine hasta la sombra del pecado en su alma. Es decir, que por sobre todas las cosas elimine la lujuria, la ira, la codicia, la envidia, el orgullo, la pereza y la gula, cada vez que se manifiesten en sus pensamientos, en sus emociones o en sus actos.

El mensaje de las iglesias deberá hacer énfasis en el cambio interior del individuo para que pueda limpiar su alma de todo pecado, porque es lo único que cuenta en el mundo espiritual. Todo lo demás sólo es una pérdida absoluta de tiempo y esfuerzo y desemboca en la muerte segunda, en el llanto y el crujir de dientes.

Desafortunadamente, las iglesias, más específicamente los hombres que las administran y dirigen, han pervertido el verdadero mensaje espiritual. Ausentes de un verdadero sustento de espiritualidad, han hecho de la religión una burda transacción comercial. Ahora se vende la fe al mejor postor; todo lo relacionado con Dios tiene un precio en sus recintos.

La finalidad actual de las iglesias, todas sin excepción alguna, no es acercar el hombre a Dios, sino hacer de éste un constante dador de limosnas y ofrendas; y de paso hacerlo lector de la Biblia a la letra muerta para que se convierta en un fanático sin ninguna capacidad crítica o analítica, para que no cuestione al sacerdote, al “apóstol” o “profeta” o a cualquiera que sea su “guía” espiritual.

Las iglesias con su falso mensaje no orientan como debe ser y se han convertido en piedra de tropiezo para aquellos que buscan la luz espiritual. Notoria es la desfachatez de un predicador -que usa trajes carísimos y carro del año-, que con la Biblia abierta le dice a sus feligreses que no deben hacer absolutamente nada, que sólo necesitan creer y serán salvos, este indigno ya sabemos el fin que tendrá.

Las iglesias, en vez de difundir la verdad espiritual, se dedican a buscar formas de comercialización, es decir, a extorsionar incautos, vendiéndoles toda clase de ritos externos como bautizos, matrimonios, etc.; asimismo talismanes y artilugios por montón: “el aceite divino”, “el manto sagrado”, “la flor de Jerusalén”, etc.

Las iglesias, en vez de ser generosas y amar a la humanidad, son centros de avaricia y maldad. ¡Pobre de aquel que cae en sus garras! Las iglesias matan el alma de los feligreses con su perverso mensaje espiritual en donde plantean que sólo hay que creer y no luchar por rescatar el alma haciendo lo correcto siempre.

No sigamos siendo víctimas de las iglesias con su falso mensaje espiritual. Busquemos a Dios como deber ser, a través de nuestros actos encaminados hacia el bien y seamos generosos con los demás que eso es lo importante. Las iglesias no son necesarias en nuestro proceso espiritual privado y personal con Dios.

Lo único importante es eliminar el pecado de nuestra alma y hacer el bien, eso es lo que Dios valora, y en este camino espiritual, las iglesias no tienen nada que hacer ni decir.

Publicado en Diario Tiempo el 23 de diciembre de 2010

Las falsas iglesias

Se supone que las iglesias son instituciones que el hombre ha creado para transmitir el mensaje divino de una forma precisa a la humanidad. Las instituciones religiosas -casi siempre de dudosa procedencia divina, sin importar su denominación o forma religiosa- tienen como finalidad diseminar la palabra divina que rescata las almas de la condenación.

Aunque las iglesias, incluidos los edificios, los cargos, los rituales externos, son necesarias para la humanidad porque congregan a los feligreses en un frente común: acercarse a Dios, y además cumplen una función social al fijar patrones de conducta apropiada a los feligreses, a favor del bien en todas sus formas, no son esenciales en el proceso espiritual porque la relación con Dios es directa y sin intermediarios de ningún tipo.

Desafortunadamente estas iglesias -instituciones humanas- desde siempre se han alejado de los verdaderos principios espirituales y se han dedicado, sin excepción alguna, a rendirle culto al mundo y sus encantos.

Larga, absurda, cruel, deshonesta y malvada es la lista de atrocidades cometidas por todas las iglesias habidas sobre la faz de la Tierra. A lo largo de la historia hemos visto que han sido centros de maldad y de odio. Recordemos la Inquisición; hay una iglesia que es accionista en compañías de fabricación de armas; los constantes abusos sexuales de sacerdotes, pastores y guías espirituales de todo tipo; rememoremos todas las guerras productos de la intolerancia religiosa y demás atrocidades cometidas por estas instituciones.

Las iglesias, desde siempre, se han alejado de lo espiritual, de lo verdadero, de lo real, que es orientar hacia el bien a la humanidad y al cumplimiento de los preceptos divinos. Y se han dedicado, y se dedican en el presente, a levantar grandes emporios económicos porque la fe es un formidable negocio; un producto que se vende a buen precio por las necesidades existenciales y espirituales de los individuos.

Las iglesias, ahora cualquier perico de los palotes funda una iglesia, abundan por doquier con características similares: un falso dirigente que  sorprende incautos y que termina con cantidades exageradas de dinero en su bolsillo. Pero eso es entendible porque hace mucho que abandonaron el terreno de lo espiritual y solamente les importan los bienes materiales y los goces de este mundo.

Las iglesias son expertas en hacer que los feligreses den el diezmo, la ofrenda, la contribución, etc., etc., que matriculen a los hijos en sus escuelas, en sus colegios, en sus universidades; pero no les interesa enseñar un verdadero mensaje espiritual que libere al individuo de la esclavitud del pecado.

Las iglesias son centros de desorientación y pérdida de tiempo en la transformación espiritual del individuo; y esto es lo grave, lo nocivo, lo perverso: ya que alejan al hombre de Dios. Al ver el estado actual de nuestra sociedad, violencia, odios, muertes, maledicencia por doquier, etc., es evidente el fracaso total de todas las iglesias, ya que no han logrado la transformación del individuo hacia el bien, ya que su mensaje está viciado por la obtención de lo material y nada más; el dinero y sus bondades es lo único que les importa.

Las falsas iglesias, finalmente, terminan haciéndole un gran daño a la humanidad porque su mensaje es una falsedad revestida de cierta espiritualidad. Son expertas en timar incautos.

En verdad, la verdadera iglesia está en el corazón. Hay que mantener limpio nuestro templo interior porque es la morada del espíritu santo. Eso es lo real, lo que cuenta ante los ojos del Altísimo. Pero tener limpio el templo interior implica eliminar el pecado cada vez que se manifieste, y pensar, sentir y actuar de la forma correcta. O sea, eliminar los pecados capitales y cumplir la ley divina sin excepción alguna.

No sigamos perdiendo el tiempo siguiendo a falsos líderes espirituales, ni asistamos a iglesias que lo único que enseñan es a leer la Biblia a letra muerta y obligar a sus feligreses a diezmar, o sembrar como les gusta decir, hasta por los codos.

Seamos constantes y fieles con nuestra iglesia interior y cumplamos la ley divina conscientemente, eso es lo único que importa.

Publicado en Diario Tiempo el 6 de diciembre de 2010

De apóstoles y profetas

Apóstol es el nombre con el cual se ha designado a los doce que acompañaron a Jesús el Cristo, en la misión de difundir la palabra de Dios para rescatar las almas de la condenación. Los apóstoles -a excepción de uno, que creemos que le tocó el papel más difícil de todos- fueron ejemplos de dignidad, santidad y entrega total a la humanidad en aras de entregar el mensaje vivificador que tiene como objetivo apartar al hombre del pecado y hacerlo que ingrese a los recintos celestiales donde mora la vida eterna y la felicidad sin límites. Los apóstoles estuvieron cerca de Dios porque guardaron su ley en la mente, en el corazón y en sus actos.

El profeta es aquel que escuchaba la voz de Dios y seguía los lineamientos que el Ser Eterno le fijaba. Los profetas fueron varones de Dios, que aun a costa de grandes sacrificios cumplían la misión que el Divino les había encomendado; igual hicieron los apóstoles.

Tanto los apóstoles como los profetas se caracterizaron por una vida de rectitud y santidad hasta las últimas consecuencias; algunos murieron por ser fieles a Dios y su mensaje de salvación. El alma de estos santos varones sólo albergaba amor hacia sus semejantes y resplandecía libre de pecado. Por ello llegaron a establecer un contacto consciente con Dios, ya que sólo los limpios de alma y corazón pueden ver al Ser Celestial.

Predicar la palabra de salvación, hacer el bien, ayudar a los semejantes, ser honestos, bondadosos, generosos y caritativos fue la norma de estos hombres que amaron a Dios por sobre todas las cosas.

Pero los tiempos cambian, y generalmente para mal. La humanidad ha ido perdiendo los valores eternos del alma y se ha alejado de Dios de una forma vergonzosa. Los “apóstoles” y “profetas” modernos, que regentan iglesias –de cualquier denominación- no se parecen en nada a los que he descrito en párrafos anteriores.

Ahora estos “santos modernos”, que se autodenominan apóstoles y profetas sin que nadie los haya ungido y mucho menos Dios, se dedican a esquilmar a los tontos; se aprovechan de la ingenuidad y de las necesidades que las personas tienen, para abusar de ellas en todo aspecto, principalmente en el económico; y las denuncias por acoso sexual y violaciones que estos falsos predicadores cometen se cuentan por miles.

La desfachatez ha llegado a tanto, que sostienen sin ningún tipo de vergüenza, que Dios habla a través de ellos, lo que les abre el camino para sorprender a los ingenuos. Ahora hablan de política, se inmiscuyen en ella, quieren ser alcaldes, diputados, Presidentes de la República, en un manifiesto desprecio al verdadero mensaje espiritual; ahora quieren quedarse con el mundo y lo que éste ofrece, esa es su única finalidad.

Recién me enteré de un “apóstol”, al cual una feligrés fue a pedirle consejo porque estaba a punto de perder su casa, y éste la mandó a rezar mientras él iba al Banco donde la señora tenía hipotecada la casa, pagó la hipoteca y se quedó con la casa de la señora por un valor irrisorio; este sólo es un ejemplo de los innumerables abusos que estos indignos cometen diariamente en contra de las personas que confían en ellos.

La norma de estos “nuevos santos” es la deshonestidad, la hipocresía, la avaricia, el egoísmo, el orgullo; en síntesis, le rinden culto a la maldad en todas sus formas. Son malvados que conducen a los feligreses al abismo y a la muerte segunda.

No nos dejemos sorprender por estos pícaros que lo único que desean es vivir bien a costa de los tontos. Señalémoslos como lo que son: unos cínicos, desvergonzados, abusadores de los demás, sin ningún valor moral o espiritual.

Cada vez que usted oiga que alguien se autodenomina como “apóstol” o “profeta”, sepa que es un farsante del cual hay que huir, sea quien sea. Porque en sus actos se desnudan como indignos porque eso es lo que son. Si en verdad tuvieran un poco de valores espirituales actuaran de forma distinta, no le robaran a nadie ni tuvieran grandes emporios económicos; al contrario, dieran hasta la ropa que anduvieran puesta tal como lo hizo San Francisco de Asís.

Los verdaderos apóstoles y profetas tienen el alma libre de pecado y todos sus actos agradan a Dios.

Estos pícaros modernos, estos nuevos “apóstoles” y “profetas” tienen el alma negra, llena de pecados, y en todos sus actos niegan a Dios. Ahora, con la nueva ley en el Congreso, obtendrán más prebendas para gozar más del mundo y sus encantos.

Repudiemos a estos perversos, y busquemos un verdadero camino de transformación espiritual en nuestras vidas. Para ello no necesitamos intermediarios de ningún tipo porque la relación es privada entre Dios y uno. Seamos generosos y caritativos con los demás y acatemos la ley divina, es lo único que cuenta.

Publicado en Diario Tiempo el 26 de noviembre de 2010

Fe para incautos

La fe es ese sentimiento que nos hace vislumbrar lo divino. La fe es la guía perenne que nos impulsa a seguir en el camino de lo real, es decir, lo espiritual, los bienes del alma en ruta a encontrar el ser celestial, creador de la vida y el cosmos. La fe es la fuerza que nos impulsa a cumplir la ley divina y mejorar nuestra condición humana y espiritual. En los dominios de Dios sólo importan los valores del alma; el dinero es intrascendente y no ocupa un lugar en el Reino de los Cielos.

Pero en los tiempos modernos la fe es un buen negocio. Es un excelente negocio. Es un negocio altamente rentable. Por medio de la fe moderna se construyen grandes emporios económicos disfrazados de espiritualidad.

Las iglesias –de cualquier denominación- han olvidado el verdadero mensaje divino que es rescatar el alma y que esté libre de pecado, actuando correctamente, y se han dedicado a obtener ganancias con el ropaje de lo espiritual. La fe es una actividad financiera formidable.

Las iglesias, amparadas en el diezmo y las primicias –con lo cual estamos de acuerdo, porque significa que Dios es primero y que hay que ser generoso, bondadoso y caritativo- de una forma engañosa hacen que los feligreses le den a la iglesia, es decir a los pastores, el diezmo, y más si es posible. Para ello se han inventado, aparte del diezmo reglamentario, todo tipo de ofrendas y contribuciones especiales con la intención de desvalijar a los sinceros e ingenuos, o sea a los tontos.

El diezmo significa caridad, pero que debe efectuarse de mano a mano, sin intermediarios, dar el diezmo a los pastores no es ser generoso, sino incauto; porque aunque los pastores usaran el dinero para obras de carácter social –que muy rara vez lo hacen-, quien lo dio no tiene mérito ante Dios, sino aquel que hace la caridad directamente. Aunque se puede dar un poquito a la iglesia para el pago de agua, luz y demás, y para que el pastor tenga un sueldo que le permita comer y vivir, eso es permitido.

El verdadero mensaje de las iglesias debe ser espiritual, hacer énfasis en el rescate del alma en un 99% y un 1% debe ser económico. Pero en la actualidad es al revés, porque los valores degradados ya invadieron hasta las iglesias, así nos encontramos con que lo principal, lo primordial, es dar dinero, hacer ofrendas, y pedirle a Dios riquezas de todo tipo en un cultivo al egoísmo y la avaricia como nunca se había visto.

Las desvergüenza, la deshonestidad, la hipocresía de pastores y demás líderes religiosos ha llegado a tanto, que ya no hay valores éticos y morales que los contengan. En una iglesia ubicada en la colonia Las Colinas de Tegucigalpa, obligan a los feligreses a firmar letras de cambio. Asimismo es común, por no decir a diario, que los pastores estén pidiendo dinero “para la obra del Señor”; su desfachatez es inaudita y colocan a Dios como un vulgar banquero; en su afán de obtener dinero como sea de los torpes, inventan pactos y compromisos: “pruebe a Dios”, “pacte con Dios por 1000 lempiras mensuales”, “denos lo que tenga y Dios se lo va a multiplicar”, “si su negocio es un carro de paila, tráiganoslo y Dios le va a dar dos o tres carros más”, “si su negocio es con una refrigeradora, tráigala y Dios le va a dar más refrigeradoras”, “siembre con nosotros y Dios le multiplicará sus bienes”, etc., etc., etc., etc.

Esta deshonestidad desmedida da como resultado, primero, que los pseudo líderes religiosos se den una vida de reyes con lujos y excesos de todo tipo, notorio es un “líder” evangélico de Tegucigalpa que se vanagloria de usar trajes carísimos y carros del año, todo a costillas de los sinceros equivocados; y segundo, que manipulan y fortifican la avaricia de los feligreses, haciéndoles creer que van a obtener una prosperidad económica inmediata, lo cual no es así, y los alejan del verdadero camino espiritual que consiste en limpiar el alma de todo pecado.

Los únicos pactos posibles entre Dios y el ser humano van encaminados a solicitarle a Dios fuerza para cumplir su ley y eliminar el pecado de la mente, el alma y el corazón. Hay que pedirle a Dios fuerza para eliminar la lujuria, la ira, la codicia, la envidia, el orgullo, la pereza y la gula; y ofrecer a cambio una vida de la mayor santidad posible, eso es lo único permitido.

Hay que recordar que hay que buscar el Reino de Dios primero, es decir, eliminar el pecado en uno, y todo lo demás vendrá por añadidura. Busquemos el verdadero camino espiritual que nada tiene que ver con el dinero.

No sigamos siendo víctimas de esos criminales de guerra espirituales, mentirosos, cínicos, bribones, ladrones, bellacos, rufianes, pícaros; y cuando nos pidan dinero, mandémoslos a trabajar, porque el que no trabaja que no coma.

Publicado en Diario Tiempo el 18 de noviembre de 2010

El arte dignifica la vida

Discurso pronunciado por el Doctor Nery Alexis Gaitán, al recibir el Premio Nacional de Literatura, “Ramón Rosa” 2009, en el Instituto Hondureño de Cultura Hispánica, el miércoles 9 de diciembre de 2009.

Buenas noches señor Santos Elio Sosa, Ministro de Educación, compañeras viceministras de esa secretaría; señora Mirna Castro, Ministra de Cultura, Artes y Deportes; compañeros homenajeados; familiares, amigos, distinguida concurrencia.

Ante todo deseo dar gracias a Dios por permitirme estar aquí recibiendo este reconocimiento. A diario La Tribuna, a su director Adán Elvir Flores, quien ha apoyado siempre mi carrera literaria. A Segisfredo Infante, Director de la Editorial Universitaria, que me ha publicado siete libros. A mi hermana Marina Ester, quien ha sido mi editora por los últimos doce años y me ha publicado alrededor de diez libros. También agradezco al pueblo hondureño que siempre ha acogido mi obra con gran beneplácito; a maestros de secundaria y universidades que, junto a sus alumnos, han analizado mi obra, lo que ha permitido que los jóvenes conozcan mi trabajo literario. Continue leyendo

La influencia de los Medios de Comunicación, verdades, medias verdades y mentiras

a) Antecedentes

 

Desde hace algunos años se acepta en Honduras la idea que los medios de comunicación son los únicos valores de intermediación entre las personas y la realidad. De allí su papel relevante, reconocido por unos y por otros. Con lo que se acepta por una parte la relativa impermeabilidad y dificultad de los seres humanos para acceder al conocimiento de la realidad por sus propios recursos; y por la otra, se plantea la necesidad de una intermediación irremediable en manos de los medios de comunicación que, por este medio —y desde su propia agenda— terminan imponiendo la agenda suya a las personas y a la agenda del sistema.
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Aprendiendo a educar para la vida

La vida es una escuela de aprendizaje constante. De la forma cómo la concibamos dependerá nuestro característico proceder por las alamedas de los días presentes. La visión de mundo que se tenga será el faro que iluminará la amplitud o la estrechez del proceder existencial. La forma de pensar, sentir y actuar está determinada por los valores del alma y del espíritu, dando como resultado una vivencia llena de plenitud y felicidad o de insatisfacciones y frustraciones de toda naturaleza. Continue leyendo

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